CR. Iglesia Católica. Oscar Madrigal

Las recientes noticias sobre las violaciones a menores de edad, los curas que tienen hijos, los abusos sexuales a monjas, las historias de pedolifilia y violación, han dejado en evidencia a una institución corrompida hasta lo más profundo. Si el tercer hombre en jerarquía de la Iglesia es acusado de violación, ya no queda duda que los Borgia han estado siempre presentes en los más elevados puestos del Vaticano. La Iglesia como Institución siempre ha sabido estar al lado el poder, lo cual le ha permitido inferir en las políticas públicas y gozar de total impunidad.
Sin embargo, eso llegó a su fin, principalmente por el desarrollo de la conciencia y los derechos humanos de las personas. Los que siempre callaron los abusos sexuales creyendo que no debían perjudicar la obra de Dios, actualmente reconocen esas conductas como execrables e indignas de un ente supuestamente sagrado. Son simplemente delitos. Ese cambio de mentalidad de las víctimas, al igual que los abusos machistas contra las mujeres, han sacado a la luz pública la podredumbre sacerdotal del catolicismo.
Todo esto ocurre en la Iglesia Católica, mientras las religiones monoteístas se mueven cada vez más hacia un fundamentalismo intolerante. Como dice una estudiosa de este fenómeno: “Estos fundamentalistas parten de la convicción de que luchan por la supervivencia de su fe en un mundo que mantiene una actitud sistemáticamente hostil a la religión. Libran una guerra contra la modernidad laica y, a lo largo de su lucha, han conseguido resultados reseñables.” Los orígenes del fundamentalismo en el judaísmo, el cristianismo y el islam
Karen Armstrong.
Esta es la época religiosa que estamos viviendo. El Islamismo con sus tendencias terroristas, el judaísmo con un movimiento ultraortodoxo que impone una política al Estado de Israel belicista, racista y genocida y un cristianismo que en su versión neopentecostal apuesta por la abolición de los derechos humanos. La política de Trump impulsa en nuestros países el sometimiento de los políticos al cumplimiento fiel de la Biblia, tal y como lo acabamos de conocer.
Es interesante que la iglesia católica, con el Papa Francisco, es la única religión que se ha mostrado más sensible a los avances y cambios sociales. Quizás no ha sido suficiente su adaptación a la modernidad, pero Francisco ha reconocido, por lo menos de palabra, la corrupción y la inmoralidad de gran parte del clero. Ya eso es un avance.
Me parece que es la única religión monoteísta que en este momento mantiene una posición mucho menos fundamentalista que las otras religiones. Y eso hay que valorarlo, al tiempo que se combate la inmoralidad de sus representantes.

 

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