CR. Lo fui a ver un día. Soledad Castro

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Cuando nací, tenía un problema en las cuerdas vocales. Numerosos médicos le dijeron a mi mamá y a mi papá que nunca iba a poder hablar. Él y ella, desesperados, buscaron ayuda y asesoría por todas partes. Así fue como apareció el Dr. Eduardo Robles en mi historia. Le dijo a mi papá Roberto Castro que era posible hacer una cirugía. En total, me hicieron 13 cirugías, hasta que cumplí 13 años y no volví a perder la voz. Hoy en día, sé que le debo mi voz al Dr. Robles y por supuesto, a mi papá y mi mamá. Recuerdo la confianza que me inspiraba, cuando estaba asustadísima y no quería entrar al quirófano. También, como gracias a su sensibilidad poética, hilvanaba historias y reflexiones con mi mamá, y gracias a su pragmatismo científico, hablaba un mismo idioma con mi papá. Antes de irme del país, en el 2015, lo fui a ver un día. Yo quería entender ese capítulo de mi vida, buscando comprenderme mejor a mi misma (ya tu sabé). Tuvimos una conversación hermosa, que llevaré siempre en mi corazón. Y cada vez que crea necesario hablar, para alzar la voz, estará presente en mi vida.

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