CR. CCSS: ¡Si sólo fuera negligencia! Rodolfo Arias

Un amigo muy querido está internado en el Calderón; tiene un cáncer terminal, muy agresivo. Quizá empezó en el estómago… ya tomó esófago, pulmones, hígado…

Esto no es novedad. Le pasa a mucha gente. Le pasa a cualquiera, día tras día. No es él -su caso-, lo que me mueve a escribir estas líneas. Es la forma en como fue atendido en la CCSS.

Hace apenas dos semanas, viéndolo muy mal, lo convencí de que fuéramos a Emergencias, en el Calderón Guardia.
“No me van dar bola”, reiteraba, “me van a dar una cita para quién sabe cuando”.
Dicho y hecho.

Fue atroz la celeridad con que el médico que lo atendió en Emergencias lo mandó de regreso a su Ebáis, para que consiguiera la famosa “referencia” que le permitiera solicitar exámenes. Ni lo miró. Ni lo tocó. Ni le preguntó nada. Y mi amigo estaba demacrado, con una evidente pérdida de peso, con fuertes dolores.

¡Él lo dijo todo, yo estaba presente! ¡Trató de ser convincente! ¡Y el médico ya iba llenando un formulario a medida que él hablaba! ¡Sin mirarlo, sin una pizca de conmiseración, sin el menor asomo de empatía! ¡Nada!

Creo que la oficinita se llamaba “Clasificación”, o “Valoración”, y de lo que decidiera el aburrido galeno que ahí estaba dependía el rumbo de mi amigo.

Pues bien… el resto de la historia lo conoce cualquiera que lea esto. Él fue al Ebáis (arrastrándose, literalmente, estaba malísimo), consiguió la referencia, con ella fue de nuevo al Calderón y ahí le dieron la cita para una gastroscopía: marzo de 2020. Luego, exasperado, hizo lo que todo el mundo: buscó una “pata”.

La “pata” de él es un peso completo. Un médico de gran prestigio. Influyó para que lo admitieran en Emergencias. Ahora ya está internado y ya le han hecho muchos exámenes y ya todos sabemos que su situación es gravísima.

Por eso el título de esta nota: ¡Si sólo fuera negligencia! ¡Si sólo fuera ignorancia del médico de Emergencias!

¡No!

¡El problema de la CCSS va mucho más lejos que eso!

Y, la verdad, no sé cómo llamarlo. Pero se expresa de un modo cruelmente concreto: un médico, en un servicio de Emergencias, siente TODOS LOS DÍAS, que hacerle eso que le hicieron a mi amigo (devolverlo a su Ebáis, sin siquiera mirarlo a los ojos) es parte de su rutina.

Es lo que toca. Es la costumbre. Y lo peor: es su DERECHO COMO MÉDICO. Por si fuera poco, atender a equis persona, porque tiene patas, ES SU DERECHO COMO PACIENTE.

Me marea, me aturde…

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