CR. Las mujeres de mi vida. Marielos Méndez

Las mujeres de mi vida… a ustedes mi respeto y sororidad

Históricamente las mujeres hemos estado sometidas al dominio que se ejerce desde el poder masculino. Hombres formados por un sistema patriarcal para mandar, controlar, someter, violentar, entre otras conductas machistas que las sociedades han naturalizado.
En mi memoria quedan recuerdos de las mujeres de mi familia, cuando aún yo no tenía los conocimientos ni la conciencia de la forma como se daban estás conductas, las que ahora puedo interpretar con mayor claridad.
Mi abuela materna fue madre soltera de tres hijos sin reconocer, cargando un estigma que la revictimizó durante toda su vida, pues aquel hombre cruel, padre de sus tres hijos, luego de engendrarlos, los abandonó a su suerte de la forma más irresponsable y se casó con otra mujer con la que formó otra familia, ella asumió valientemente su labor de madre y más tarde de abuela, con un sabor agrio que la amargó irremediablemente. Durante toda su vida fue empleada doméstica y posiblemente sufrió otros abusos a partir de su condición vulnerable.
Mi abuela paterna evidenciaba gran frustración ante la carga dura de una familia de ocho hijos en la que se establecía el machismo como la forma hostil de crianza, la cual llevó bajo sus hombros al ver sufrir a sus hijas y nueras con el impacto de tales acciones.
Mi madre, una mujer joven y hermosa sufrió en silencio el dolor de un matrimonio arreglado por su madre y mi abuelo con mi padre, quien no quería casarse, pues llevaba una vida libertina, muy natural en ese tiempo para los hombres, la cual continuó luego de aquella unión para salvar las apariencias y evitar que yo naciera de madre soltera. El precio que pagó mi madre por ese papel fue muy alto, pues soportó las peores humillaciones y necesidades económicas, dando como resultado una mujer que envejeció física y emocionalmente en forma prematura, llevando consigo un dolor intenso que terminó convirtiéndose en una neurosis que nunca le permitió ser feliz.
Esas son solo pinceladas de las vidas de esas valientes y sufridas mujeres que ya no pueden expresar sus abusos ni denunciar, pues gozan de la vida eterna en la que creyeron y esperaron ser felices, porque nos han inculcado que la felicidad no es para nosotras y que talvez se pueda saborear después de la muerte.
Cuando se vive en un ambiente cargado de machismo y represión para las mujeres, las consecuencias no se hacen esperar en nuestra propia vida, pero de eso no hablaré hoy, pues quiero dar honor a estas mujeres y todas aquellas de mi familia que aún viven y que no puedo exponer aquí, por sobrellevar una cruz impuesta por la religión y por este cruel sistema de poder que despoja a la mujer de su identidad y sus derechos, amenazando constantemente su integridad.
Traigo a colación estos dolorosos recuerdos ante la ola de denuncias que se han hecho públicas en los últimos días, lo cual posiciona al expresidente y a todo aquel hombre que ha cometido y comete esta clase de actos ante el escrutinio público, que ya no es tan benévolo con tan despreciables comportamientos.
Hoy, después de tantos años he aprendido y me he preparado para defender mi propia dignidad y la de las mujeres de mi vida, porque mis hijas, mis nietas y demás generaciones de ellas merecen un mundo libre de violencia, dónde los hombres no sean castrados de su sensibilidad y emociones de ternura, un mundo donde prevalezca la paz y la justicia para todos y todas.
Llegó la hora de no callar, no más silencio, no más impunidad, no más violencia contra las niñas y las mujeres.

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s