ABYA YALA. El turismo de ayahuasca está afectando a los indígenas del Amazonas.*

  Preparación de ayahuasca. Foto vía Wikimedia Commons.

Desde hace más o menos una década, los occidentales han viajado cada vez con más frecuencia al Amazonas para probar el elixir más famoso de la región: la ayahuasca. En la selva, esta combinación de plantas es llamada la “cepa del alma” o la “cepa de la muerte”, dependiendo de a quién preguntes. En los Estados Unidos, es una droga de clasificación I. Ha sido popularizada como una experiencia alucinante y transformadora, sin nada que se le compare.
La ayahuasca atrae a los occidentales al Amazonas por muchas razones. Algunos buscan su próximo gran renacimiento espiritual; algunos quieren ser curados de serias enfermedades y adicciones. Otros la prueban para recuperarse de un luto difícil, para combatir la ansiedad, o simplemente para drogarse con el santo grial de las drogas. Y para suplir con la demanda, cientos de retiros de ayahuasca regados en todo el Amazonas, desde Perú hasta Brasil, esperan ansiosos por el próximo turista.

Pero mientras que los occidentales se deleitan con el poder de intoxicación de la droga, muchos de los indígenas están inconformes con el aumento del turismo de ayahuasca.

Vidal Jaquehua, un quechua nativo, está preocupado por la forma en la que el turismo de ayahuasca está cambiando su hogar. Habiendo nacido en Cusco, Perú, Jaquehua maneja una compañía de turismo llamada Adios Adventure Travel, pero tomó la decisión consciente de no hacer retiros de ayahuasca, a pesar del interés extranjero.

“Su nombre nos dice que es la cepa de la muerte, así que con eso no se juega”, me dijo Jaquehua. “No ofrecemos ese tipo de viajes porque nosotros respetamos a nuestra gente, las vestimentas, las tradiciones, y creemos que hay rituales en todo el mundo que necesitan ser entendidos y respetados”.

La filosofía de Jaquehua siempre ha sido de “dejar a la gente hacerlo, y no volverlo un negocio”. Pero muchos otros ––tanto extranjeros como locales–– han hecho precisamente eso, abrir retiros de ayahuasca en el que le administran la potente cepa a turistas que no tienen el estudio apropiado, ni el cuidado, ni el respeto.
“A medida que el ayahuasca se ha vuelto más popular con los turistas extranjeros ––y al mismo tiempo, menos popular entre los mismos indígenas––, hemos encontrado que muchos pseudo chamanes han aparecido para suplir la demanda”, dijo Valerie Meikle, maestra Reiki y curadora holística en Bogotá, quien ha visto el aumento de pseudo chamanes en el área. “Esto significa que los rituales de la ayahuasca obviamente han perdido algo de su poder original y muchas veces la ceremonia es adaptada para ajustarse a los extranjeros que están dispuestos a pagar altos precios en rituales de baja calidad”.
Son este tipo de empresas las que tienen preocupados a algunos grupos de derechos indígenas. Cultural Survival, una organización sin ánimo de lucro de Massachusetts que se asocia con aborígenes para proteger sus culturas, es uno de los grupos en contra del turismo de ayahuasca.
“Ayahuasca es una práctica cultural y espiritual que está enraizada en culturas específicas y no debería ser comercializada ni explotada, sino protegida como la práctica sagrada de una comunidad”, dijo Agnes Portalewska, directora de comunicaciones de Cultural Survival.

“Está haciendo muy ricas a algunas personas, y sin embargo, las comunidades indígenas donde se originaron estas prácticas siguen viviendo en pobreza.”Lesly Vela

Aunque algunos argumentan que la comercialización de la ayahuasca ha empobrecido el ritual, otros afirman que eso ha traído mucha atención a la región. El interés renovado en la ayahuasca ha alimentado un renacimiento cultural de todo tipo, mientras que los jóvenes aborígenes se interesan en las tradiciones antiguas, algunas veces olvidadas. Y el incremento de retiros de ayahuasca ha traído un dinero muy necesitado a una de las regiones más pobres del mundo. Pueblos enteros como Iquitos, en Perú, han reconstruido su economía a punta de turismo de ayahuasca, y Perú como tal ha proclamado a la cepa como parte de su herencia cultural.

“Ser un aborigen del amazonas no es garantía de que esta persona esté calificada o tenga buenas intenciones, dijo Luis Eduardo Luna, un antropólogo e investigador de ayahuasca nacido en el amazonas colombiano. “Por otra parte, el no ser aborigen, de cualquier región o país, no implica que esta persona esté haciendo las sesiones por ganancias financieras. En nuestro mundo globalizado, cualquiera puede aprender cualquier cosa y puede enseñárselo a otros”.

Pero sigue valiendo la pena preguntar: ¿Quién es el que más se beneficia de esto y a dónde van las ganancias?

“Los grupos indígenas del Amazonas son unas de las personas más pobres y marginalizadas del planeta”, dijo Lesly Vela, quien trabaja para la organización británico-colombiana Yageceros, que intenta preservar la cultura tradicional de grupos indígenas en el amazonas colombiano. Si bien muchos chamanes (tanto extranjero como nativos, reales como falsos) contratan a indígenas y contribuyen con la comunidad, muchos no lo hacen.
“El crecimiento del turismo y su popularidad en occidente tiene el potencial de abordar estos temas, pero sólo si aceptamos la responsabilidad y el trabajo juntos”, dijo Vela. “También está haciendo muy ricas a algunas personas, y sin embargo, las comunidades indígenas donde se originaron estas prácticas siguen viviendo en la pobreza, así como en constante riesgo de sufrir por temas ambientales y sociales”.

El aumento del consumo de ayahuasca ha traído consigo los ideales, expectativas y estereotipos de los consumidores occidentales. Algunos aborígenes, en un esfuerzo por suplir con la demanda de los turistas, han alterado sus tradiciones para ajustarse a los imaginarios construidos por los extranjeros, incluso cuando esto traiciona la autenticidad de su cultura. En 1999, una declaración de la Unión de Médicos Indígenas Yageceros de la Amazonía Colombiana afirmaron que, “incluso algunos de nuestros hermanos indígenas no respetan el valor de nuestra medicina y van por ahí confundiendo a la gente, vendiendo nuestros símbolos en pueblos y ciudades”.

Otros nativos, cuya cultura indígena no incluía originalmente la ayahuasca, están siguiendo el ejemplo de los extranjeros y adoptan la tradición para hacer ganancias. La apropiación nativa de este tipo se ha estado expandiendo en todo el Amazonas.

Jaquehua señaló a su pueblo natal, Cusco, como ejemplo: “cuando un nativo ve las señales de una ceremonia de ayahuasca, [ellos] dicen, ‘¿acaso ese ritual no se hace sólo en la selva?’. La gente hace todo por dinero”.

*Canales De Vice

*Compartido por Xomomapuche

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