CR. Ahondando. Sergio Erick Ardón Ramírez

Cuando estaba por graduarme de arquitecto en el Instituto Tecnológico de Georgia, en Atlanta, se conversaba entre los compañeros de estudio el camino que seguiríamos para ejercer la profesión que tantos desvelos y congojas nos había costado.
De mi grupo, éramos cerca de cuarenta, yo era el único latinoamericano. Todos los demás eran usamericanos. Algunos ya tenían puesto seguro en empresas constructoras u oficinas de consultoría de Atlanta o de otras ciudades.
Los graduados de Georgia Tech eran muy apetecidos dada la fama que la institución tenía.
A mi me preguntaron si me quedaría a trabajar en “America”. Algo que se daba por descontado.¿No es que acaso ese es el sueño de todos en el mundo ? Vivir en “America”.”THE BEST PLACE IN THE WORLD”.
Caras de extrañeza cuando respondía que no, que regresaría a mi país, Costa Rica.
Esto era dificil de entender. Renunciar a la realización personal, ejerciendo la profesión en el lugar de las grandes oportunidades. Los salarios que se ofrecían a los nuevos graduados eran más que generosos.¿Y no es el dinero lo que mueve el mundo? Otra espectativa no se tenía, en ella habíamos sido educados.
Nunca tuve dudas de cual sería mi lugar de trabajo, de donde podrían ser más útiles los conocimientos y destrezas adquiridos. Algun sentido de responsabilidad nacional tenía, y el compromiso indiscutible estaba ahí con los mios.
Nací y me crié en Alajuela, ni más ni menos, la ciudad de Santamaría, y a sabiendas de lo limitado de las posibilidades ahí tenía mi destino.
¿Todo esto a cuento de qué?
Es que hay compatriotas, y no pocos, que ante las posiciones políticas que hemos asumido, a favor de las transformaciones sociales y por la afirmación de soberanía que defendemos, entendiendo todo esto como deber de patriota, en demasiadas ocasiones, me conminan a irme a vivir a otros lares.
Me quisieran viviendo en La Habana, o ahora en Caracas.
Pues no, antes vivía en Alajuela, y ahora estoy afincado más adentro, en Turrúcares, con raíces siempre hondas en mi suelo. De aquí a mi no me saca nadie. Por derecho, por responsabilidad, por compromiso.
Decía José Martí, a quien tengo por guía espiritual, que no hay que preguntarse donde se vive mejor sino donde está el deber.
El mio está aquí, en el medio que mejor conozco y al que me debo.
Y aunque me siento latinoamericano, como el que más, y en Santiago soy chileno, en La Paz soy boliviano, en Buenos Aires, argentino, en Panamá, soy panameño, en La Habana soy cubano y en México, mexicano. Me ha tocado en suerte, por un asunto fortuito, ser costarricense, y aquí me tendrán. Diciendo lo que pienso, sin estridencias ni falsos protagonismos, pero con la convicción y la firmeza debidas.
En estos sentimientos y afirmaciones sé que acompaño a muchos.

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