CR-GUANACASTE-ARGENDORA DE LA CRUZ. Con el disfraz de la abuelita. Por Nela Vega

Recuerdo a la abuelita siempre ataviada con un pañuelo en la cabeza. Nunca le pregunté el porqué, pero aquel “look” era inusual en las mujeres de la zona, me parecía raro, pero interesante.

Hoy que decidí cocinar en una cocina de hierro que estaba por ahí abandonada, entonces, entendí el porqué del disfraz, hay que proteger el cabello o termina oliendo a Perico mojado.

img-20190121-wa0092  La cocinada estuvo de película, encender el fuego fue rudo. El humo hacía chillar los ojos inevitablemente, pasé largo rato agitando la fogata para lograr que hiciera combustión. Como principiante se olvida recargar la cocina con leña cada cierto tiempo, así que, se apagó no se cuantas veces, entonces el proceso vuelve a cero.
La leña, una vez que logra alzarse en llamas, calienta de manera impresionante. El tanque provisto para mantener el agua caliente estaba apenas para chorrear el café y desde la plantilla misma se podía, asar carne para usted, yo prefiero tortillas.

El horno podía cocinar cualquier cosa que ahí cayera. Ver aquellas lengüetas de fuego fue emocionante, de seguro me conecté con la infancia cuando la abuelita y yo hacíamos hogueras con las hojas caídas de los árboles.
La cocinada de medio kilo de frijoles duró casi 6 horas, ja, ja, todo un reto.

Creo que mejor sigo siendo maestra, como cocinera estoy frita.

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