CHILE-ARGENTINA. El Buen Vivir para el pueblo mapuche.*

Para el pueblo Mapuche[1] existe una relación estrecha entre su identidad cultural y la propia tierra, no en vano el significado literal de su nombre es Gente de la Tierra,marcada por una profunda identidad religiosa que se materializa en la relación entre el mundo tangible y el intangible. Su cosmovisión, cargada de espiritualidad permite la interrelación entre estos y la Madre Tierra[2]. En este vínculo, el equilibrio y la relación armoniosa con esta, concebida no exactamente al mismo nivel que en los pueblos andinos pues mantienen la creencia en un ser superior omnipotente distinto, la filosofía del Buen Vivir, se conceptualiza como Kyme Mogen, donde los valores de empatía, respeto, vivir sin violencia y mantener una relación de reciprocidad con la tierra no tomando de ella más de lo que se necesita configuran las directrices de su particular filosofía de vida. Las palabras del poeta mapuche Elicura Chihuailaf “…el mapuche no intenta explotar la tierra… esta puede esperar para ser trabajada pero el espíritu no espera…”muestran una clara resignificación de la dimensión espiritual que contrasta con el sentido pragmático de la vida occidental. La reciprocidad que conecta a todas las criaturas  del ámbito terrenal supera los límites físicos de este, ya que alcanza también a los espíritus extraterrenos que acompañan u obstaculizan los objetivos de la vida cotidiana del mapuche[3]. La relación dialéctica entre fuerzas contrapuestas que actúan sobre y por la vida del pueblo, les permite tener una visión no excluyente de la vida, donde todo tiene cabida en equilibrio sistémico. Así esta conceptualización del mundo y del hombre como configurado por polos opuestos permite superar la visión estrictamente idealizada del indígena como un ser bueno, caritativo y respetuoso por naturaleza, pues es en esta visión real donde los aspectos negativos conforman también la naturaleza humana en un sistema de complementariedad que se retroalimenta de forma cíclica  y es este equilibrio el que garantiza una manera de vivir más verdadera. Junto a esta dimensión moral, existe una dimensión pragmática que muestra una relación del hombre con la dimensión sobrenatural de carácter recíproco y cíclico donde el hombre da, para recibir de la divinidad: Así como Ngüechen[4] les dio la vida, la lengua y sus leyes, estos deben corresponderle estableciendo buenas relaciones personales, sociales y económicas que permitan el estricto cumplimiento de las leyes otorgadas, de esta forma el círculo se cierra y el equilibrio se mantiene en relación armoniosa. Este equilibrio se rompe cuando el mal,  la enfermedad (o Kutran en oposición al concepto de Konalen traducido como salud), en definitiva  las fuerzas negativas[5] que de forma latente existen en todos los elementos del sistema, supera a las fuerzas contrarias. Si “lo espiritual” se pierde el hombre deja de cerrar el círculo de la reciprocidad y la armonía se acaba. La visión totalizante del hombre, la naturaleza y lo sagrado como una sola unidad a la búsqueda permanente del Buen Vivir permite describir los desequilibrios como conflictos entre los elementos derivados de una exteriorización del mal que impide por acción u omisión cumplir con la reciprocidad cíclica.

[1] Localizados en Chile Y Argentina, fueron conocidos por los conquistadores españoles como ARAUCANOS.  De legendaria belicosidad, el ejército inca conquistó sólo una parte de los mismos, así aquellos asentados al sur del río Maule quedaron al margen del a aculturación forzosa del imperio inca. En 1861 y 1878 comenzaron las  operaciones militares denominadas  “Conquista del Desierto” y “Pacificación de la Araucania” llevadas a cabo por el Argentina y Chile con el fin de someter a estos pueblos al yugo del nuevo estado emergente.

[2] Denominada Ñuke Mapu

[3] Con grandes similitudes con los pueblos andinos, el mundo se divide en tres territorios o Mapus:

-Wene Mapu, o el mundo de los de arriba, donde habitan los antepasados y espíritus denominados Pillanes. Es en él donde se generan las fuerzas de signo positivo que operan sobre el espacio terrenal.

-Miñche Mapu o mundo de debajo de la tierra, donde se establecen los espíritus del mal que generan fuerzas negativas y complementarias a las anteriores.

-Nag Mapu, espacio terreno donde habitan las criaturas corpóreos y se desarrollan los conflictos entre las fuerzas negativas y positivas

[4] El Dueño de la gente.

[5] En la vida del pueblo Mapuche, el mal está muy presente y se manifiesta de diversas formas: fenómenos naturales, enfermedades,… que se derivan del incumplimiento de alguna obligación ritual, traspasando la frontera estrictamente biológica, para alcanzar los aspectos sociales; de ahí una práctica comercial no respetuosa con las creencias rituales supone la preeminencia de las fuerzas negativas que alteran el equilibrio y que se expresará de alguna forma perniciosa para la comunidad.

*Fotografía de una familia estandarizada del pueblo mapuche

*Buen Vivir  Publicado el 4 julio, 2013 por alejandromassoni

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