CR. Agradecida por ver las semillas crecer. Katherine Ulate Gómez

Para no perder la costumbre, les voy a contar una linda historia que significa mucho para mí 🙂

Resulta que hace como 8-9 años, colaboré como asistente y voluntaria del “Programa de educación ambiental (coordinado por Zaida Piedra) del Proyecto de “Conservación e Investigación de la Lapa Verde” del Centro Científico Tropical, a cargo en aquel entonces de Olivier Chassot y Guisselle Monge Arias.

En este proyecto, se visitaban diferentes escuelas ubicadas en las zonas aledañas del Refugio Nacional de Vida Silvestre Mixto Maquenque donde se desarrollaban talleres educativos relacionados no sólo a la conservación de la Lapa Verde, sino también de otras especies “sombrilla” como lo son el jaguar, manatí, pez gaspar y danta.

En aquel entonces, yo recibía clases de teatro, por lo que en las actividades que dábamos en las escuelas, decidimos incluir obras de títeres y de teatro utilizando los personajes de los animales anteriormente mencionados. Incluso hice un libro donde contaba la historia de las “Aventuras de Monchito y sus amigos en el bosque”.

La cosa es que, fue una experiencia hermosa y única, tanto así, que a partir de allí decidí que mi camino en el área de la biología lo destinaría casi que en su totalidad a la Educación Ambiental con diferentes poblaciones (desde niñxs de temprana edad hasta adultos mayores).

Siempre me puse a pensar que si algunx de lxs niñxs que recibieron los talleres que impartimos en aquel entonces, se acordarían de mí y recordarían los conocimientos que les transmitimos sobre la Lapa (o nuestras loqueras!)

El punto es que, ayer en una visita de trabajo por la zona de Maquenque, me fui encontrando a este hermoso ser, con quien después de charlar un rato, nos dimos cuenta que ella fue una de esas estudiantes. Me mencionó que recordaba como si fuera ayer todas aquellas enseñanzas y que nuestros talleres, siempre fueron los que más le gustaron y que cuando nos íbamos, ansiaba con ganas volver a vernos. Nuestra conexión fue mágica y única, al punto que no pudimos aguantar las ganas de abrazarnos e incluso llorar de la emoción.

En definitiva, estas cosas me enseñan que amar lo que una hace y transmitir lo poco que uno sabe a lxs demás, es sembrar una linda semilla en todas aquellas personas que por alguna razón, se cruzaron en nuestros caminos. Y que a una muchas veces darse cuenta, muchxs le pueden recordar como una persona apasionada por la biodiversidad y el arte.

Esta chica, ahora es una fiel trabajadora del Hotel Maquenque Eco Lodge, donde la aprecian tanto por lo laboriosa que es, como por su resplandeciente y humilde carisma.

Me siento sumamente agradecida a la vida y al universo por permitirme ver con mis propios ojos, una semillita crecer 🙂

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