ALAJUELA (a mediados del siglo pasado). Por, Sergio Erick Ardón Ramírez.

Para entretener al nietastro que esperaba a su abuela que partía con rumbo muy conocido, me dio por contarle cosas de la Alajuela que él, muchachón de treinta, no conoció.
Y es que para la gran mayoría de Uds, sean de Alajuela o no, estos cuentos deben sonar como cosa de la prehistoria.
Para mi en cambio recordar me pone a vivir esa Alajuela en la que nací y la que recorrí de arriba a abajo durante los años de mi niñez.
Pueden Uds. no creerlo, la gente es ahora menos creyensera, pero esto que paso a relatarles sucedía apenas ayer.
Que los alrededores del Mercado fueran un campo de batalla, donde perros y zopilotes se batían por los desechos, en medio de los carretones tirados por famélicos caballos. ¿Qué tal.?
O que todos los martes, ya en las madrugadas, la ciudad se llenaba del traqueteo de las carretas que convergían hacía la plaza del dulce de Pio Pol.
No me creerán, que donde hoy construyen un nuevo colegio, habiendo demolido el anterior sin mayores contemplaciones, los lunes religiosamente se vendía ganado vacuno, caprino y caballar. y que no pocas veces había que correr a protegerse porque algun novillo corría por las calles seguido de jinetes lazadores.
Que para mitigar las polvaredas que cubrían la ciudad en la época seca, las calles de piedra, las más, eran bañadas por grupos de hombres que descalzos y con pantalones rotos, arremangados hasta las rodillas, se metían en los hondos caños con sendas palanganas de hojalata.
O que todos los jueves y domingos había retreta, y toda la población, sin distingos, se daba cita en el Parque Central para disfrutar del concierto de la Banda Municipal. Con las muchachas caminando en la parte de adentro de las aceras de piedra de cantera, y los muchachos por fuera, en la dirección opuesta de manera que por lo menos dos veces por vuelta se encontraran los ojos y el guiño. Con los poyos repletos de madres y padres a la viva.
Y que en vacaciones se caminaba a La Fuente de Ojo de Agua, los con plata, o a las pozas del Ciruelas o del Maravilla, los sin ella, a darse un chapuzón a culo pelao.
Y que para ir a San José, a la Garza por un helado y un trozo de queque moca, de nuevo, los con plata, había que bañarse y vestirse bien.
No podía faltar algo sobre los ferrocarriles, al Atántico y al Pacífico, que abrían la posibilidad de llegar al mar, en trayectos que parecían safaris.
O que la misa de tropa de las ocho los domingos, fuera la más concurrida en la Catedral, con los policías vestidos de gala, fusil al hombro, y la banda con música marcial.
Y las procesiones de Semana Santa con fervor y recogimiento sinceros. A nadie se le ocurría ni siquiera nombrar una playa.
Sin faltar uno, todos los domingos, había en el Cine Milán, a sala llena, tanda de una con películas de vaqueros, y a las tres la cinta escogida, que se repetiría a las siete.
Para hacerles la boca agua, y ya dejar de contar bellezas, la fiesta de los colegiales del Instituto, al concluir los exámenes de quinto año, que tenían como atracción principal, solo para hombres, el baño obligado en la pila del Parque Central.
Claro tambien había contradicciones sin resolver y por eso cincha, palo y piedra en los años cuarenta.
¿Quién se atreve a decirme que esta Alajuela pintoresca no era un primor?

La ilustración es de una muchacha que hacía de dama doliente. En este caso María Eugenia, mi hermana mayor.

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s