CR-SAN CARLOS-BUEN VIVIR. Apachetas de diciembre en Pozo Verde.*

La apacheta para este caminante es un símbolo espiritual de identidad, de voluntad para seguir adelante, de inspiración en nuestros abuel@s y nuestras montañas, es un símbolo del Vivir Bien o Buen Vivir.

Los días 11 y 12 de diciembre tuve el placer de visitar una vez más el Albergue de Montaña Pozo Verde. Me gusta recorrer sus senderos, disfrutar las comidas preparadas por doña Bernardita en restaurante Congo, me encanta la chimenea en las horas frías de la tarde-noche.

Me adentro de los caminos del Parque del Agua Juan Castro Blanco, los disfruto paso a paso, por sus montañas, sus potreros, sus piedras y barros; me acompaña el viento y el canto de los pájaros.  Dejo atrás caminos de la antigua minería y llego a la laguna que da el nombre de Pozo Verde a la zona.  Sus aguas verdes, su baile al compás del viento, sus patitos silvestres y sus orillas con la magia en cada rincón, son una belleza.  Alzo mi guacal con chicha y doy gracias a la madretierra por tanta maravilla.

De regreso levanto una apacheta a la orilla de uno de sus ríos, doy gracias a la vida y a la madretierra.  Siempre invoco a mis padres, a mis hijos y a mi nieto.

Por la noche converso con mi amigo Douglas Vargas, cuidador de la montaña y propietario del Albergue Pozo Verde (restaurante y cabañas); siempre tocamos el tema del Buen Vivir y cómo lo vamos entendiendo según nuestras experiencias de vida.  Me dice que ve las fotos de las apachetas y que seguramente es muy difícil levantarlas.

Al día siguiente camino en busca de “una piedra sagrada”, a orillas de otro río.  Salen las mariposas azules (“morfos”) a saludar, también canta el viento y cantan las aguas del río.  Esta vez dedico la visita al fuego sol, que nos ilumina y nos da calor cuando se presentan los fríos de la vida.  Levanto otra apacheta, consciente de que no es la última del año, falta por lo menos una en Chirraca de Acosta (21 de diciembre).

Douglas se había ido para la montaña, a reparar “algo” relacionado con el agua del Albergue. A su regreso conversamos y me dice: “vieras que levanté una apacheta… y la hice de 14 piedras, me sentí muy bien, identificado con ella y con la montaña”.

Así que en dos días, el viento fue testigo de como dos caminantes y cuidadores de la montaña, levantaban apachetas de Buen Vivir en un sitio mágico llamado Pozo Verde.

 

*Edison v.a.

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