CR. “Pepe” Figueres y el mito de la abolición del ejército. Diego Meza Marrero

En 1948, un político costarricense hasta entonces marginal, poco conocido y de ideología difusa llamado José Figueres Ferrer, se alza en armas al frente de su grupo paramilitar, el Ejército de Liberación Nacional. El levanamiento se produce como respuesta a la anulación de unas elecciones fraudulentas (para entonces, el fraude era muy recurrente aunque terminaba no siendo determinanate para el resultado final), no obstante para ello Figueres deberá echar mano del poder comunicacional y construir en torno a Calderón Guardia una imagen de déspota, homologándolo a los dictadores tropicales de la época (Trujillo, Somoza…) a fin de justificar su levantamiento armado y limpiarse la cara con el nombre de la libertad. Figueres tampoco logra convencer a la oposición anti-calderonista y anti-comunista de hacer un levantamiento armado y se alza él solo con su ejército a derrocar el gobierno y a cazar comunistas.
El hecho de que un grupo paramilitar lograra liquidar con armas de segunda mano a un ejército nacional en tan solo 44 días, habla mucho del estado de decadencia en que se encontraba la institución armada. Una escasa actividad bélica, aunado el despilfarro de recursos durante la última dictadura militar, de Federico Tinoco 1917-1919, son algunas de las razones del desfalco del ejército.
Es por ello, que el 1º de diciembre de 1948, tras ganar la guerra, la junta de gobierno de facto decide disolver el ejército vencido, para desarmar a su enemigo y así evitar que este retomara el poder por la misma vía armada. Tal como ocurrió veces anteriores, el orden constitucional es restaurado por y para legitimar a los mismos que lo rompieron.
El ELN dió paso a la conformación de otras agrupaciones paramilitares, principalmente ultraderechistas, como son el caso de la Unión Cívica Revolucionaria en los 50’s y el Movimiento Costa Rica Libre a partir de los 60’s. Estos, no obstante, jamás representaron una amenaza para el poder, ni llegaron a interrumpir gobiernos constitucionales.
El Ejército Costarricense fué disuelto pero solo se le quitó el caracter de institución permanente. En otras ocasiones posteriores, este volvió a agruparse como con la invasión de Somoza, o en forma de patrullas paramilitares fronterizas, auspiciadas por el estado, en los años 80’s durante la Guerra Civil en Nicaragua. Actualmente, el estado costarricense cuenta con un arsenal militar, grupos de choque y fuerzas especiales entrenadas por los ejércitos de Colombia e Israel, todo solapado bajo el nombre de la Fuerza Pública.
La abolición del ejército, sin embargo, es un fantasma en el que se enseña a creer desde la escuela, aunque este hecho no significara ni por lejos el fin de la lógica militarista dentro del estado costarricense (hasta nuestros días). No obstante esto abonó recursos al terreno de la educación, así el nuevo orden político se consolida para con las nuevas generaciones a través del poder blando, o por convencimiento.

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