CR. 8N-2012 ¡No olvidar! Francisco Guerrero

Hoy es 8 de noviembre, desde 2012 se ha convertido en una fecha especial para mí, y cada año intento contar la historia:

Ese 8 de noviembre me fui a San José centro a documentar. Había una manifestación para defender la Salud Pública y cientos de personas, entre ellas muchos adultos mayores, habían venido desde Sámara hasta Turrialba para presentar un pliego de peticiones a la Junta Directiva de la Caja Costarricense del Seguro Social. Querían denunciar el cierre sistemático y la privatización de centros de salud en sus zonas rurales. Al llegar me encontré con mi hermano, era uno de los pocos médicos que se había sumado al movimiento y venía desde Nicoya, nunca había participado en una manifestación. A eso de las diez de la mañana, cientos de campesinos, pescadores, adultos mayores y amas de casa, tomaron las calles con calma a la altura del Parque La Merced y caminaron dignamente hasta las oficinas centrales de la Caja, llevando su carta hasta el edificio donde la Junta Directiva estaba reunida. Sin embargo, no fueron recibidos, y ni siquiera se les permitió entregar el documento que habían traído desde tan lejos. Después de algunos minutos de confusión, los manifestantes tomaron la decisión de dar por concluida la marcha y comenzar el regreso a sus provincias faltando pocos minutos para el mediodía. En ese momento decidí irme, la marcha había terminado y yo tenía otras cosas que hacer.

Al llegar a casa recibí mensajes alarmantes; los medios de comunicación hablaban de antimotines reprendiendo una manifestación violenta. San José se había vuelto una zona de combate. Mi mamá preguntaba por mi hermano, que no respondía sus llamadas. Regresé corriendo a San José y no reconocí el lugar donde había estado minutos antes. La policía tenía sitiada la cuadra de la Caja, había gente golpeada y llena de sangre, un pescador sostenía su brazo partido en dos, comencé a entrevistar a quien podía, me enteré de que mi hermano había sido arrestado, de manera arbitraria y aleatoria, junto con otras 30 personas. Los manifestantes trataban de impedir que una patrulla avanzara llevando dentro varios arrestos injustificados. La policía había convertido una marcha pacífica que iba a terminar al mediodía, en un violento ataque represivo sin sentido, que duraría hasta bien entrada la noche. Mientras la prensa convertía un atropello a los derechos humanos, en la defensa del derecho de circulación. Buena parte de una población ampliamente manipulada iba a ser convencida de que es más importante poder circular por una calle que defender los derechos humanos básicos como la salud o la protesta ciudadana. Enfermos, vulnerables, privatizados, mudos y sin memoria. Así somos, porque así nos quieren.

Ese #8N nos quedamos ahí, viendo y documentando, para no olvidar.

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