CR. Crece fuerte. Katherine Ulate Gómez

Les contaré una historia sobre unos arbolillos, cuya especie, se los dejaré a su imaginación…

Una vez, en un bosque, hace 22 años, existió un gran árbol de frondosas ramas, con flores y frutos muy llamativos. Sus hojas, bailaban al son de la brisa y los aguaceros. Sus raíces eran largas y abrazaban al suelo del bosque junto al resto de árboles y hongos, tan fuerte como una madre abraza a sus hijos.

Este era un árbol antiguo, que producía miles de frutos y por lo tanto, miles de semillas. Pero un día, se dio cuenta de que una de sus semillas no había podido viajar muy lejos y se había convertido en un pequeño arbolillo que apenas sobrevivía bajo su sombra. Lo observó durante algún tiempo, lo cual le trajo tanto sustos como alegrías.

Una de sus mayores preocupaciones, era que estaba enfermo, y temía que al acabar su existencia, su pequeño arbolillo fuera aplastado por su cuerpo y no sobreviviera solo ante el cambio.

Los años pasaron, y la enfermedad se propagó por su cuerpo, produciéndole cada vez más debilidad y agotamiento. Un día, en una fuerte tormenta, aprovechando un viento que soplaba en dirección opuesta al arbolillo, se dejó llevar, dejándole a su vástago un amplio claro, muchos nutrientes y unas sabias palabras:

“Crece fuerte, que en el camino encontrarás tanto penas como alegrías. Aprovecha los momentos que el bosque te ofrecerá, toma las oportunidades pero tampoco te precipites. Has sobrevivido a muchos oscuros momentos, pero pronto encontrarás tu luz, la cual te acompañará siempre y cuando, sepas acompañarla también tú”

Y con gran estruendo, cayó empujada por el viento, en el lugar adecuado…en el momento adecuado…en el tiempo adecuado…

El arbolillo, sorprendido por las palabras y el gran estruendo con el que se despidió su madre, se sintió afligido y triste por un tiempo. Pero recordando el ejemplo y la magestuosidad de su progenitora que por tanto tiempo le había protegido y educado, tomó fuerzas y empezó a crecer con gran vigor.

Al día de hoy, puedes observarlo en el bosque. Sobresale tímidamente sobre las copas de otros árboles. Es un árbol joven pero fuerte. Y sigue recordando a su madre: cada vez que produce frutos y semillas, cada vez que sopla el viento, cada vez que llueve, cada vez que los animales preguntan por ella, cada vez que ofrece noblemente su amistad con sus compañeros hongos, cada vez que mira al sol, cada vez que vive… cada vez…

*Foto: Soledad AR, camino a Chirripó

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