CR. Saludos selectivos. Max Porras González

¿Qué diferencia hay entre negarle el saludo o abuchear a un asaltante que anda robando carteras y celulares; al asesino en serie que fue condenado recientemente, a un violador o degenerado sexual; o a un presidente que ha engañado a su pueblo, que actúa con arrogancia y testarudez, que miente y manipula, que hace ver a la clase trabajadora del sector público casi como delincuentes, que utiliza a los niños para hacer quedar mal a los educadores; que maltrata a su pueblo queriendo ponerle una carga que ya no soporta por no cargarle (por cobardía —ojalá fuera por eso— o por intereses propios) a las compañías que facturan miles de millones al año los impuestos que deben pagar y más bien beneficiarlos con exenciones?
¿Estaríamos obligados —por cortesía— darle la mano a Trump o a Juan Orlando Hernández; Jimmy Morales, Peña Nieto o Nethanyahu?

Yo nunca abucheo a nadie pero no darle la mano a un personaje tan desagradable como Carlos Alvarado no me hace menos educado.

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