CR. La cancillería. Mario Franceschi

La CANCILLERIA se ha convertido en un basurero de botellas. En nido de nepotismos, tráfico de influencias y en un hoyo negro que absorve, y desperdicia, recursos nivel 10. Es una de las instituciones que está pidiendo a GRITOS ser intervenida.

Como extraño el fuste, la clase y la alcurnia de aquella Cancillería en manos de diplomáticos que hicieron carrera de la talla de don Fernando Lara Bustamante, Bernd Niehaus, Gonzalo Facio, Enrique Castillo y don Rodrigo Madrigal Nieto, entre otros, que le dieron prestigio a Costa Rica en el escenario internacional.

Ciértamente, la Cancillería siempre ha sido una institución recurso para pagar favores políticos, pero siempre mantuvo la estatura que requería la imagen internacional del país. Extraño la Cancillería que obtuvo un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad y la que impulsó tratados como los de la regulación de armas o los de paz como el de Esquipulas, agendas de trabajo en asuntos relacionados con terrorismo, multilateralismo, medio ambiente, reformas al Consejo de Seguridad, derechos humanos y esquemas de cooperación entre el Consejo y tribunales internacionales como la Corte Penal Internacional. Que además exigía, con la autoridad moral que nos caracterizaba, el cumplimiento de las obligaciones del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) y del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (TPCE). Una Cancillería, en fin, que era orgullo del país y que nos daba un relieve de altos quilates en el concierto de las naciones.

Esa cancillería ya no está. Ahora tenemos una Cancillería irrespetuosa – o subordinada a los caprichos de un mil caras – que aceptó y promovió el levantarse y abandonar una Asamblea General de la ONU en protesta ante el discurso de un presidente de un país amigo, una Cancillería que perdió todos y cada uno de los concursos abiertos en la ONU para ocupar puestos zonales en la organización, una Cancillería que promueve relaciones internacionales a nivel de Embajada con una “isla perdida en la inmensidad del Oceano Pacífico” que es un paraíso fiscal y que no representa ninguna ventaja material para nuestro país (a no ser que hayan otros “motivos”), una Cancillería ideológicamente calculadora que se niega a elevar su voz para condenar regímenes totalitarios y asesinos, una cancillería que abre relaciones diplomáticas con países que ni suman ni restan para los intereses del país, una Cancillería envuelta en escándalos que van desde acosos hasta mordazas y turbios manejos financieros, una Cancillería en manos de una canciller que carece de experiencia diplomática y, además, confesa promotora de nepotismo, una cancillería alineada, timorata y hasta irrelevante no solo en el ambiente diplomático internacional, sino a nivel de nuestra misma zona geográfica.

Sí. Así es. Nuestro trapito de dominguear en el escenario diplomático global es hoy una licra señida al cuerpo propia de un protocolo de salón de baile.

Nuestra Cancillería urge de ser intervenida, auditada, modernizada, revisado su manual o reglamento de contratación diplomática y administrativa y, definitivamente, dotada con los recursos suficientes y concordantes con nuestra realidad como país para que diplomáticos competentes y de carrera, gerencias diplomáticas y administrativas comprometidas y eficientes, canciller y vice-cancilleres de nivel y experiencia lleguen a sus recintos. La Cancillería URGE de reformas profundas para que personal idóneo rescate su antiguo y bien merecido prestigio nacional e internacional.

Slds.

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