CR-PUNTARENAS. Viajemos con nuestros abuelos al Puerto, 1917. Mercedes Ulibarri Pernus

Desde la noche anterior la familia casi no dormía por la emoción. Con canastas de comida viajaban en el tren que salía temprano desde San José, parando en cada Estación para recoger viajeros. En duros asientos de madera iban discretos al principio. Al pasar el túnel se soltaba una gritería de locura entre los guilas. Luego con calma, compartían algo de sus almuerzos, conversaban entre ellos, mientras la mostacilla corría por el andén, o asomaba la cabeza por la ventana y un brazo o un grito la metía inmediatamente. Ya cuando iban a llegar, todos eran como una gran familia. Adiós, adiós, decían !!!

Unos cuantos se iban directos a la playa, donde hombres y mujeres se metían al mar separados dentro del perímetro de la cerca, construida para que los tiburones no se acercaran a los bañistas.

Algunas familias tendían manteles, sábanas y hasta hamaca bajo los árboles de higuerón, se refrescaban y vigilaban que los chiquillos no se alejaran. Un poco más allá un grupo iniciaba el juego con la pelota, y alguna parejita se iba caminando lentamente…

La familia que contaba con algún dinero, pasaba a refrescarse en Los Baños, conocida como la Casa de Fait. Era una construcción armada a la entrada del mar, situada cerca de la actual Capitanía del Puerto. Con corredores, ventanales, y amplias mesas y sillas donde servían variedad de frescos, algunos licores, frutas y algo para picar. Y lógico, tenía baños para usarlos después de un chapuzón.

Otros se dedicaban a recorrer la ciudad y visitar el Estero. Allí miraban entrar y salir botes y lanchones con mercadería, productos y pasajeros, sobretodo de la Península de Nicoya. Se vendía comida, cantidad de refrescos, hamacas y muchos recuerdos para llevar. Se charlaba, y se aprovechaba para saludar algún conocido.

Cuando se acercaba la hora de partir, raudos se iban para la Estación a hacer fila, para guardar campo ojalá al lado del vagón donde no pegara tanto el sol. Unos cabezeaban con su sueño, otras hablaban, alguno hacía un negocio, y no faltaba gente joven dándose cuerda, o acercándose a saludar a la damita y su familia.

Poco a poco se iban bajando del tren con nostalgia, llenos de cajetas, cajas de caimitos, marañones, un barquito dentro de una botella, o algún anillito de carey que alguien le regaló…
En la Estación de Belén desembarcaban heredianos y alajuelenses. Los que tenían platilla habían contratado una carreta de antemano para llevarlos a su casa. Otros se iban en un camión de la finca, en la cazadora que viajaba al pueblo, o lo esperaban con bestias No faltaba quien regresara a pata, porque no vivía largo.

En la última Estación, la de San José, construida con madera, 75 varas al oeste de la actual en avenida 20, tenía parada el Tranvía con ramales que llevaban al norte, este y oeste de la ciudad, y los coches o volantas donde los cocheros esperaban pacientemente. Por supuesto, estaban los familiares, que entre abrazos y besos deseaban noticias y alguna cajeta…

Así terminaba uno de los viajes más esperado durante todo el año. Puntarenas fue la playa más visitada durante muchas décadas. Además del tren, con los años la gente llegaba en buses contratados desde diversos lugares del país. ¡ Qué maravillosos recuerdos !!

 

Comentarios

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s