CR. “Una ayudita”. Suy Wong

La semana pasada -ya muy entrada la noche- caminaba de prisa para no perder el último bus hacia mi casa. Tuve que hacer una pausa, para contar las monedas, pues no sabía si tenía que desviarme para pasar al cajero automático a sacar de lo poquito que tenía en la cuenta para poder cubrir el pasaje. Esto me habría significado perder el bus y tener que pagar taxi.

Estando en ese dilema y temiendo que las monedas que tenía en la mano no fueran suficientes, se me acercó una mujer bien entrada en años, muy delgada y maltratada por la vida en las calles. “Una ayudita”, me dijo. La volví a ver y le respondí que todavía no sabía si me alcanzaba para llegar a mi casa. Rápidamente, puso en mi mano vacía varias monedas, se dio media vuelta y siguió su camino. Quedé petrificada unos instantes, hasta que caí en cuenta de que me dio justo el dinero que me faltaba para tomar el bus esa noche.

De camino, no pude más que sentirme profundamente agradecida y satisfecha de la bondad humana, que a veces se presenta de manera anónima y vestida de harapos.

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