CR. Lo del jugador de Cartago duele. Priscilla Vindas Salazar

Lo del jugador de Cartago duele en lo más profundo.
Crecer niña en Costa Rica es que te digan desde que tenés memoria que no empujés, que no grités, que te portés bien. Que usamos vestidos, aunque a vos te piquen y sufrás, no importa, porque así te ves bonita.
Luego llegás a la escuela o el kinder y te cuentan que acá están los juguetes de niña (muñecas, vajilla, utensilios de limpieza y una casita) y que allá los de niño (carritos, legos, herramientas y camiones) y que en elreceso, cuando juegan casita, vos no podés salir de la casa, porque sos niña y eso hacen las niñas; callarse y estar para las demás personas y vos lo aceptás, porque así son las niñas.
Luego un día en lo que parece es un juego, todo se vuelve oscuro y abusan sexualmente de vos. Te amenazan de muerte, que van a matar a tus papás, que te callés o ya sabés lo que va a pasar, tenés 6 años y toda la vida te han dicho, que estás para los demás, que las niñas no gritan ni dicen nada feo, y te callás.
Entonces creciendo, te crees culpable de lo que pasó tantas veces, porque las mujeres somos quienes tenemos la culpa, aunque nos eduquen siempre en función de otras personas y su felicidad, nunca la nuestra.
Nos saturan del imaginario de que con un hombre estable económicamente, mayor y que nos de una “familia”, seremos plenas y felices, perpetuando nuestro rol social de servir. Y así pensamos desde que nos regalan nuestra primer muñeca y vemos la primera novela de Televisa; alguien me rescatará y seré feliz y si algo pasa en el camino, es mi culpa, yo lo busqué. Y así la misma sociedad nos pide que nos sigamos vistiendo para los demás y casi exigidas a buscar parejas que nos den ese sueño de novela, con hombre que hasta duplican nuestra edad.
Mi experiencia marcó mi vida, pasé casi 15 años repitiendo que lo que había pasado era mi culpa, que yo lo provoqué, aunque era una niña. Cada vez que cuento esto, recibo tantos “yo también” que me escalofrío y lloro, porque ninguna niña, adolescente o mujer merece ser violada, mucho menos ser señalada y su valentía por denunciar puesta en duda.
Un hombre de 30 años jamás debería de ceder a estar con una menor de edad, mucho menos tener fotos de niñas desnudas, pero aquí sólo cuestionamos a la mujer, a la que lo busca, a la que por desquite ahora denuncia; el hombre sólo fue una víctima de las artimañas de una chiquilla muy viva de 16. No se cuestiona ni piensa que la chica puede venir de un contexto donde es violentada o incluso obligada por sus papás. Todo es nuestra culpa, tal cual pecado original.

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