CR. Acá en el Sur es más fácil ser comunidad, ser corazón colectivo. Guadalupe Urbina

Asustada, si, por todo lo que ocurre en el país, por toda la virulencia verbal o solapada de palmadita en el hombro de no pensés así, no digás así. Facebook es una vitrina que al menos me permite darme cuenta de que una cosa es la realidad y otra es la intríngulis forjada desde el sillón de la casa.
Acá en el Sur es más fácil ser comunidad, ser corazón colectivo. Todo duele, cuando una apuesta por los derechos de las personas que vivimos en el campo en donde ya no nos quedan derechos, por derecho que no. Acá la lucha por la comida diaria es una realidad pesada y aún así Doña Elena vino a verme porque yo no puedo caminar hasta su casa, vino con un pedazo de bejuco para los riñones, aún así nos sentamos a la mesa a celebrar el cumpleaños de la vecina preciosa que me regala el pollo de su patio para una sopa antigripal, aún así, en medio de tantas carencias podemos reírnos y seguir soñando. Yo me sumo, aunque tengo alimentos cada día en la mesa, a esas preocupaciones, porque de alguna manera son mías. Yo también se lo que es salir de niña a vender una gallina de mi mamita para poder tener el almuerzo al mediodía. Yo también tengo personas de la familia con una pensión de ¢78.000 colones porque crecieron en tiempos en donde no sabían claramente que era el seguro social, cotizar, porque era mas urgente buscarse el pan de cada día.
Esas cosas duelen, se quedan abigarradas en el alma. Una aprende a sanar poco a poco, pero sana también en la medida en que sabe que la gente que querés también puede sanar.
Yo tengo muy claro que en la vida no se trata de pan para hoy y hambre para mañana, yo si creo en los proyectos y en las luchas a largo plazo, también comprendo que no se trata de circo para hoy y guerra para mañana. Por eso me agarro de la tierra, me aferro a ella como única salida de luz y de sombra, como fuente de fortaleza.

Da pena ver como se nos cae la patria, como se nos cae la calidad de vida, como la capital se ha divido en dos, de la Sabana hacia el Sureste y de la Sabana hacia el Noroeste, la brecha de la probreza se ensancha y alcanza a todes. Pobreza material, pobreza espiritual. Aunque nos quieran hacer creer que sufrir y hacer sacrificios para tener cada cosa que comprás es la meta final de nuestras vidas. Por eso cuando defiendo las luchas sociales, hablo con conocimiento de causa y no desde las suposiciones. Se también que ya es necesario encontrar una salida negociada y se también que las camarillas del poder que dominan en la Asamblea Legislativa no estarán dispuestas a ceder en nada y que antes volarán el garrote que sea necesario, difundirán todas las agendas del miedo necesarias. Ya es hora de negociar porque no podemos exponer la vida de las personas enfermas que necesitan atención médica, no podemos perder los alimentos producidos en el campo con esfuerzos muchas veces superiores a nuestras capacidades físicas y financieras. No podemos garrotear a trabajadora-es o a estudiantes e instaurar una agenda del miedo que quienes conocemos la historia de Nuestramérica ya hemos visto desarrollarse de la misma forma en que se está empezando aquí.

¿Qué podemos hacer si ya pagamos nuestra comida como si viviéramos en Europa pero sin los sueldos de Europa? Los extranjeros que nos visitan se asustan ¿Qué más podrán pagar Elena y Pedro que son adultos mayores y viven de cinco vaquitas en su finquita orgánica y no ven dinero en efectivo apenas? ¿Cómo les explico el plan fiscal si para ellos la vida ha sido siempre austeridad? Por ellos y por nuestras niñas y niños de nuestro pequeño pueblo es justo que haya una negociación. Salud y fuerza a las y los trabajadores y a las organizaciones sociales valientes que ponen el cuerpo en las calles y entendimiento y espíritu de justicia y generosidad para quienes teniendo tanto y teniendo el poder de presionar en la AL legislen a favor de las necesidades básicas de las personas mas desposeídas de este país que ya no pueden mas porque comer se les hace difícil.

Solamente quiero aclarar que yo no soy empleada pública, que no tendré una pensión honorable siquiera porque viví muchos años fuera. Yo me gano el pan de cada día trabajando y cuento con el amor, acompañamiento y apoyo de mi hijo y mi hija, del público que compra mi música y que es pagada miserablemente por las plataformas en línea, que yo siembro la tierra y es por ella que tengo una grandiosa calidad de vida. Trabajo, amor, solidaridad y generosidad es lo que mueve el engranaje de abundancia en el que vivo.

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