CR. Un gobierno de unidad nacional debería incluirnos a todxs. Eva Carazo Vargas

No se trata de decidir entre el plan fiscal del gobierno o la crisis, ni entre trabajadorxs de sector público o privado, ni entre estar del lado del pac o del de los sindicatos: esto tiene más de dos lados. Al final la crisis va a ocurrir, la mejor solución no está aún consensuada, y tenemos que encontrar una salida a este conflicto que nos permita seguir conviviendo en medio de las diferencias que claramente tenemos.
Creo que nos estamos haciendo las preguntas equivocadas, seguramente con ayuda de la desinformación, la manipulación mediática y la prepotencia de pensar que la verdad propia es la única.

En primer lugar, por que el déficit fiscal es serio y es una realidad. Es inevitable después de decenios de evasión y elusión, corrupción y amiguismo en la administración pública, después de decenios de un proyecto histórico neoliberal que ha ido haciendo cada vez más precarias las condiciones de vida de la gran mayoría de la gente, que nos hace mirar como un privilegio derechos básicos que todxs deberíamos disfrutar (como tener trabajo, un ingreso justo que permita vivir con dignidad, salud y educación de calidad), mientras que ha permitido que los recursos públicos favorezcan intereses privados.
Ninguna decisión que tomemos como país va a evitar la crisis, lo que sí podemos decidir es qué tan grave va a ser, quiénes la van a sufrir con mayor o con menor intensidad, y quiénes y cómo vamos a aportar desde nuestras posibilidades para enfrentarla.

En segundo lugar, por que el plan fiscal que propuso el gobierno no resolvía la crisis, y más bien corre el riesgo de agravarla. Desde el inicio incluía medidas que más bien desaceleran el empleo (público y privado) y la economía, como la “regla fiscal” que ataría de pies y manos a las instituciones públicas y a los programas sociales que apañan a la gente ante situaciones difíciles. Y ese plan es aún peor después de los cambios que le han hecho en la Asamblea Legislativa, para favorecer a los grupos con suficiente poder para incidir desde ahí y no en las calles.
No se vale sostener salarios ni pensiones de lujo, pero tampoco presentar las garantías sociales de la clase trabajadora como si fueran un privilegio. No se vale despreciar el impacto que tiene para la gente más humilde el gravar con IVA la canasta básica, menos cuando al mismo tiempo se accede a proteger sectores poderosos. Y para construir una solución fiscal viable, que atienda los extremos que indignan a unxs y a otrxs, no va a haber más remedio que sentarse a conversar con disposición real de ceder.

Yo no estoy de acuerdo con la violencia. No me gusta como estrategia desde grupos vulneabilizados, pero me enerva especialmente cuando viene desde posiciones de fuerza, desde quien tiene el poder. No me parece correcto bloquear el tren ni suspender cirugías, pero tampoco amenazar, perseguir ni denigrar a la gente valiente que sale a manifestarse, o equiparar la protesta política con delincuencia. La protesta es un derecho, es hasta un deber ante las injusticias, es cierto que genera incomodidades pero también es cierto que todos los derechos se han ganado gracias a gente que puso su comodidad inmediata en segundo plano, que se movilizó por el bienestar colectivo.

Carlos Alvarado entró al Ejecutivo desde un lugar muy frágil (la gran mayoría queríamos a otra persona en la presidencia), tuvo que hacer alianzas complejas para ganar en segunda ronda, y no tiene el margen de acción que hubiera querido. Ojalá entienda que no va a ampliar ese margen subestimando a quienes tenemos una posición crítica sobre su gestión, ni promoviendo que se delate a lxs maestrxs, ni reprimiendo a estudiantes (ni a nadie) o minimizando la brutalidad policial, tampoco intensificando aún más la polarización que ya ha explotado varias veces este año. Ojalá entienda que un diálogo de verdad no es posible desconociendo el descontento, y que resulta insultante ofrecer el diálogo con la condición de que se detengan las únicas acciones que lograron dar voz a los grupos que habían sido ignorados… Que un gobierno de unidad nacional debería incluirnos a todxs, y que ese “todxs” es mucho más amplio que los grupos a los que hasta ahora ha priorizado como interlocutores.

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