CR. Nada de ficción, sueño. Sergio Erick Ardón Ramírez

Lo he hecho otras veces. Cuento mis sueños. Está claro que no todos. Algunos por sus contenidos son muy íntimos y no pasan la censura.
Pero anoche tuve uno corto y vibrante que me hizo despertar empapado en sudor. Ni amores, ni angustias, ni trabajo, deporte.
Estábamos empeñados en un desigual partido. De nuestro lado éramos normales, yo el más pequeño. Los adversarios, que no enemigos, en cambio eran gigantescos. El marcador se movía en un sentido y en otro, cosas del baloncesto. Estatura y poder, frente a destreza y empeño.
El partido, que se jugaba en una cancha pintada de verde, era disfrutado por muy pocos, pero eran de los nuestros y metían bulla.
Estábamos empatados a 70 puntos, y faltaban segundos. Mi posición era en la defensa, siempre fue así cuando en la realidad jugué con el Instituto, o con Los Gigantes en Alajuela, nunca brillé como canastero.
Algo me dijo “te toca”, y me encontré debajo del aro contrario con la bola en las manos. Me impulsé y salté, más bien volé, entre los inmensos brazos de los adversarios, subí, subí y subí, para hundirla, algo que en la vida real nunca pude hacer, y cuando, habiendo superado todos los obstáculos, me disponía a hacerlo, me encontré con que la canasta estaba bloqueada por un gran piedra. Me asusté, pero no me rendí, floté a lo Michael Jordan, quité la piedra, que con estrépito cayó, y completé mi propósito, metí la bola en la canasta, y ganamos.
Para los aficionados a leer sueños y a especular ahí les dejo esa.

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