Costa Rica y Nicaragua siempre tendrán sus sangres enlazadas. Guadalupe Urbina

Mi abuelo Emilio era de Buenos Aires de Santa Cruz, Guanacaste, tenía con amigo Angel Bustos un aserradero y viajaba a Nicaragua a buscar maderas. Allí conoció a la abuelita Adelina que desciende de buscadores de oro mexicanos que llegaron de Querétaro y terminaron en Rivas en el negocio de la madera. Así se conocieron este tico y esta nicaragüense. Con ella tuvo mi abuelo tico seis hijas y un hijo. Las cuatro primeras hijas nacieron en Rivas y las otras tres criaturas nacieron en Costa Rica. Crecí en una familia mixta en donde la fuerza cultural fue muy importante. Crecí escuchando que Nicaragua era un lugar especial y querido. Luego madre Angela conoció en Costa Rica a un nicaragüense que emigró en el año 32 tras el asesinato de Sandino. Era solamente un hombre niño de 14 años. En Costa Rica conoció a mi mamá y aquí estoy yo que crecí en una casa llena de tradiciones culinarias de ambos países. Nicaragua es mi sangre y las y los nicaragüenses de hoy me recuerdan a aquellos que acogieron a mi abuelo tico que buscaba madera en Nicaragua y que se encontró el tronco del árbol familar allá. Gracias a mia abuela-os y a mi madre y a mi padre por enseñarme a querer a Nicaragua, que me hicieron parte de su riqueza cultural. Costa Rica y Nicaragua siempre tendrán sus sangres enlazadas aunque algunas personas no lo quieran y a pesar de la violencia y la xenofobia.

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