CR. Quien quita un quite. Alvaro Rojas Valverde

Toda la vida había sido pobre, o más bien de eso que llaman pobreza extrema o miseria. Hacía como 8 días lo sacudían unos dolores de muela horribles, pero ni pensar en ir hasta San Isidro a sacársela. Si no tenían plata ni para el pasaje, menos para pagarle al dentista. Vivía haciéndose remedios que le recomendaban y, de vez en cuando comprando una Mejoral en la pulpería.
Algunos de los remedios por lo menos lo calmaban, otros no le hacían nada. Un día lo mandó su mamá a ayudarle a doña Hermelinda a hacer unos trabajillos en su casa, correr unas cajas, limpiar unos vidrios, etc. Y ahí fue donde ocurrió algo milagroso. Fermín lógicamente andaba descalzo. Ese día le dolía feo la muela El piso de la casa de doña Hermelinda era de mosaico, el de la casa de Fermín, era de tierra. Apenas los descalzos pies de Fermín se posaron en el frío mosaico sintió algo, como una pequeña punzada en la muela. Al rato de estar trabajando notó que el dolor había bajado notablemente y, poco antes de irse para su casa, casi no lo sentía. Al día siguiente le contó a su mamá lo que había pasado, cómo el frío en los pies le había calmado el dolor de muela. Al día siguiente fue donde doña Hermelinda y anduvo haciendo algunos trabajillos que ni le habían pedido. El caso es que, cuando ya tenía 4 días de estar llegando sin que lo llamaran, doña Hermelinda llegó a hablar con la mamá de Fermín a ver qué era lo que pasaba. Con mucha pena esta le contó que Fermín a lo que iba a era a usar el frío de sus mosaicos para calmar un dolor de muela que lo tenía hecho leña, pues ni dormir podía.
Esta historia termina bien, pues doña Hermelinda habló con el maestro y entre los dos juntaron una plata para llevar a Fermín a San Isidro a sacarse la muela, por lo que el dentista cobraría sólo la mitad.
Como ustedes saben estoy padeciendo de unos feos dolores que se llaman, neuralgia del trigémino, algo que no le deseo ni al mismo Lucifer. Pues ¿saben qué? Hoy me llamó Fermín para darme el consejo milagroso, el secreto que curará mi terrible dolencia. Les juro que a partir de mañana, y aunque tenga que pelearme con mi mujer todo el día, andaré por la casa a pata pelada. Quien quita un quite y Fermín me haga el milagro y pase a ser San Fermín para mí, que creo tanto en los santos.

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