CR. De embarazos y maternidades. Sergio Erick Ardón Ramírez

Seré un simplista. Que una mujer, víctima de una violación, de un accidente, de un engaño, o simplemente por ignorancia, se vea forzada a llevar adelante un embarazo, que no deseé, que transformará su vida, para mi no es concebible.
Como voy a aceptar, sin reaccionar, que se quiera imponer, a la fuerza, mandatos que nacen del más arcaico machismo, y de creencias religiosas, que siendo respetables, no pueden convertirse en exigencia absoluta para todos, aun para los no creyentes.
Que eso suceda en Arabia Saudita o en Irán, regímenes que se rigen por normas religiosas milenarias, es entendible. Pero que aquí, donde nos preciamos de civilizados y democráticos se actue de forma semejante es inadmisible.
Un legislador argentino, sincerándose, dijo que si la interrupción del embarazo era permitida, la economía se resentiría, bajaría la mano de obra.
Callar ante esta, para mi inconcebible anomalía, es imposible.
A las vacas se les preña para alimentar los hatos con nuevos terneros y aumentar la producción de leche, lo mismo se hace con perras y gatas para hacer negocio. Nadie les consulta nada.
¿Es que las mujeres son iguales a vacas, perras o gatas? me disculpan la brutal comparación, pero así lo veo. ¿Es que no tienen ni dignidad ni criterio?. ¿Es que la maternidad no deseada puede imponerse porque a unos señores muy doctos, desde los juzgados, los cuerpos legislativos, o los púlpitos, así lo han decidido.
Seré un simplista, pero no, mil veces no. Y esto no admite dilaciones.

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