CR. Con el mayor respeto. Sergio Erick Ardón Ramírez

Fue en diciembre de 1952 que hice de rodillas, de la puerta de la Basílica, al pie de la imagen de la Virgen de los Ángeles. Pagaba así una promesa. Si la virgen me ayudaba a pasar el exámen de matemáticas del bachillerato, que había estado muy difícil, ofrecí la rodillada. Tambien me comprometí a llevar un librito de plata. Como la gracia se me hizo y gané la prueba, lo de las rodillas lo cumplí, lo otro no. No encontré quien me hiciera la ofrenda metálica y con el tiempo lo olvidé.
Para entonces, de 17 años, yo era un devoto más.
Con la lectura y el saber me fui enterando que mi devoción hacía la Virgen nacía de mi ingenuidad y mi ignorancia. Supe que por la misma época colonial aparecieron en todos los contornos de la América colonial muchas vírgenes, tantas como provincias había. Los colonizadores en su afán de ganar las consciencias de las gentes bajo su dominio colonial resolvieron hacer aparecer, siempre a personas de muy bajo nivel social y cultural, imágenes que pudieran convertirse en referente religioso asumido como propio. Así se fortalecían los lazos coloniales y se amarraba la influencia de la Iglesia.
En nuestro caso fue Juana Pereira, una humilde mujer vecina de la Puebla de los Pardos de Cartago, especie de ghetto donde vivían las gentes tenidas como inferiores, negros, mestizos e indígenas, a la que le tocó descubrir la imagen de piedra.
A todo la largo y ancho de la América colonial en situaciones similares, aparecieron imágenes de vírgenes. En Argentina la de Luján, en Nicaragua la de Cuapa, en Colombia la de Chiquinquirá, en México la de Guadalupe, para citar algunas. No hay país que no tenga su Virgen Patrona.
Escribo esto sin que mi propósito sea irrespetar a aquellos que asumen la devoción como cosa sagrada. Están en su derecho y eso si es sagrado. Lo hago porque no creo que guardar silencio sobre algo tan evidente y comprobado, sea socialmente sano. Sobre el engaño y la mentira, sobre la ignorancia y la manipulación, no es posible asentar sociedades realmente libres. Asumo las consecuencias.

 

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