CR. Mi gato. Max Porras

Yo quiero mucho a mi gato, pero acariciarlo causa la misma espectativa que si acariciara una mamba negra.
Sí, en realidad lo quiero, trato de protegerlo pero es tan confiable como un Ramasheka; es ladino, traicionero, ataca a la mínima igual que ellos.
Le tengo tanto cariño que lo nombré “Gatito”, pero tierno no es (el tierno soy yo), es cuasi—callejero, tan célibe como un cura de Boston o Chile.
Ha veces caprichoso— él— al igual que Carlos Alvarado, hace las cosas cuando quiere y no cuando se necesita, si es que las hace.
Busca provecho solo para sí mismo como Arias y sus acólitos.
Parece político o alcalde de pueblo porque finge hacer mucho pero no hace nada.
Pedirle que se mueva de donde está es como pedirle a la Virgen que acabe con la agresión a las mujeres o a los abusos de niñas.
Hay momentos que parece tonto como tonto son los que creén tonto al ministro Mora.
Eso sí, es valiente, aguerrido y no aguanta nada como todo un guanacasteco.
En fín es mi gato y lo quiero en puta.

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