CR-CUBA. Así es Sergio Erick Ardón Ramírez

¿Qué el agua y el aceite no se mezclan? Veamos que si. Es cuestión de empeño y de saber hacerlo.
El 26 de Julio es para mi una fecha muy especial. La celebro por dos vías.
Un 26 de julio de 1914 vió la luz Carlos Luis Ardón Alpízar, mi tata. Fornido, aventurero, atleta, trabajador, viajante por el mundo, enamorado, poeta, y muy, en política, muy, pero muy conservador. Cortesista, ulatista, echandista. Coqueteó incluso con el nazismo.
Imaginarán que las relaciones conmigo no fueron fáciles. No lo fueron, una historia de desencuentros. Aunque al final, tanto él como yo, encontramos la forma de respetarnos, de entender que las diferencias de intereses y criterios no podrían anular los cariños. A este hombretón venido a menos, rústico y rotundo, nunca deje de quererlo. Y sé, me lo demostró, que él a mi igual me quería.
Pero los días 26 del sétimo mes se ponía a la defensiva. Sabía que esta fecha, cuando él apagaba las velitas, yo tenía otra cosa en mente.
Si, así era, y mi mama lo sabía y hacía malabares para que el asunto no aflorara. Y es que un 26 de Julio de 1953, días antes de que yo partiera hacía USA a estudiar arquitectura, Una centena de muchachos, con un “loco” a la cabeza, en Santiago de Cuba asaltaban el cuartel Moncada, sede de un regimiento del ejército cubano.
Sin saber muy bien lo que pasaba eso a mi me impactó. Por algun motivo algo había oído de Cuba. Carlos Dávila un dentista de La Habana que nos visitó. Un tal general Fulgencio Batista, militar sin muchas luces, se había hecho del poder y manejaba las cosas a sangre y fuego. Había una gran corrupción y había mucho malestar.
Por eso es que lo sucedido me interesó. Y ese interés me llevó a estar pendiente de las cosas de Cuba, a visitar la isla varias veces y a simpatizar con los que habían asaltado el cuartel. Así supe de Fidel Castro. Ese nombre, en mi casa, frente a mi tata, no se podía pronunciar. Opté por pasar a la clandestinidad, y al triunfo de la Revolución en la isla, brindar a espaldas del viejo refunfuñón. Pero él lo sabía.
Por esto que les he contado, es que esta fecha para mi tiene dos cosas que celebrar. El cumpleaños de mi tata y el inicio de un proceso revolucionario que pondría a América Latina a caminar.

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