PATRIA GRANDE. Sin descanso, machaconamente. Sergio Erick Ardón Ramírez

Los latinoamericanos y caribeños somos pueblos nuevos multicolores, en naciones apenas en construcción. Doscientos años es un periodo histórico breve. Del yugo colonial aún tenemos las huellas y cicatrices, es aun una impedimenta que cargamos. Desigualdades, racismo, oligarquías, sumisiones, complejos.
Si a toda esta pesada carga le sumamos la desdicha de ser fruta codiciada por quienes siendo vecinos, se comportan como extraños, soberbios y prepotentes, entenderemos mejor porqué se nos dificulta tanto alcanzar equilibrios y metas. Porqué la lógica unidad que nos catapulte al desarrollo, a ser sociedades más libres y justas se hace tan difícil.
Quiso la historia que compartieramos tierras continentales con una nación invasora, en permanente expansión. Una nación montada sobre supuestos de superioridad, de raíces racistas y religiosas.
Desde el momento en que James Monroe, presidente de un imperio que nacía, afirmó: “America para los americanos”, lo que sonaría lógico sino fuera porque en la mente de este señor, América era el país pujante y agresivo que él gobernaba, poblado por gentes venidas de la Europa anglosajona y protestante.
Vendrían luego otros de similar pensamiento a darle sustento filosófico y político a tal esperpento. Así Josiah Strong salió con la joya del Destino Manifiesto que apoyándose en un “Mandato Divino” ponía a aquel pueblo soberbio como escogido por Dios para ser amo y señor. “Dios nos ha legado no solo una parte sino todo el continente”. 
Theodore Roosevelt se dejó de eufemismos e invocaciones divinas y fue más concreto, y actuó como él bien decía: con una zanahoria en una mano y con un gran garrote en la otra.
Su sucesor William H. Taft, habló claro: “todo el hemisferio será nuestro de hecho como en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente”.
Estos pensamientos ofensivos y humillantes no son cosa de un pasado pintoresco, no se debieron a calenturas pasajeras, Han seguido ahí y han sido la base sobre la que se ha montado la política moderna hacía nuestros países de la potencia del norte. Por eso las invasiones, por eso las anexiones, por eso las intervenciones de todo tipo, por eso la dominación y por eso la sumisión de los débiles y enclenques.
Hubo sí entre los más preclaros y lúcidos, entre nuestros próceres dignos, quienes nunca se perdieron, y enfrentaron con palabras y con hechos los propósitos expansionistas. Bolívar, Juárez y Martí, nuestro Juanito Mora, avizoraron el peligro y actuaron en consecuencia. A ellos debemos el aliento primero para seguir batallando. Sus ideas y sus banderas nunca dejaron de estar desplegadas. Lo mejor de la América Nuestra las ha mantenido firmenente asidas. Al costo que ha sido necesario.
Las cosas han sido así y por eso la magnitud de las dificultades. Y por eso, ellos, los del norte imperial, y los menguados de dentro, prefieren que de esto no se hable.
Y no es cosa de antiyanquismo obsoleto, ni inventos de comunistas, es un asunto de futuro y dignidad, que nos convoca a todos los que amamos esta Patria Pequeña y también esta Patria Grande.

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