CHILE-PERÚ. Oda a la Tetita. Luis Eduardo Vivero

* De mi obra “Chilenidá, historias y recuerdos * (en proceso de revisión)

Oda a la Tetita

Bienaventurado el bebé que contó con 6 a 8 meses de tetita en libre demanda. No solo tendrá la posibilidad de desarrollar un robusto sistema inmunológico que lo o la protegerá ante las infames enfermedades e infecciones de invierno, sobre todo si no tiene la oportunidad de vivir en el campo o en una ciudad que tenga mar, y esté limpiando continuamente el aire con su brisa.

Qué terrible son las escenas en donde decenas de niños y niñas caen presa del virus sincicial, y van a parar a los largos pasillos de los hospitales capitalinos, esperando por su atención. Con las mascarillas de oxígeno y quién sabe qué otras cosas más, miran a su alrededor, sin entender bien qué ocurre. Sus pequeños ojitos nos dicen muchas cosas, y mientras se recuperan un poco de la congestión de sus vías respiratorias, afuera los espera la gran nube maligna, el smog, fruto de la codicia y egoísmo de nuestra sociedad.

Vienen en todos los tamaños y presentaciones; las hay blancas con pezones rosados, otras tímidas, pero no por eso menos alimenticias, y también cafecitas y negritas.

Sin importar el modelo ni marca, el bebé se siente en un paraíso al entrar en contacto físico con la tetita. Previo a eso se está en la etapa de contacto visual, en donde se puede experimentar una serie de sensaciones y emociones, desde una maña debido al sueño, la desesperación del hambre y hasta el más sincero llanto solicitando no sólo el alimento, sino el amor que encuentran en el seno materno, literalmente.

¡Oh madres, qué daríamos por volver a estar en contacto con ustedes a través del fluido lecheínico, aunque fuera por solo unos momentos!

No hay estrés cuando se toma lechita, ni preocupaciones, solo que haya suficiente para quedar completamente satisfecha o satisfecho. Que no me vengan con patrañas, con que da igual la natural o la de tarro; la de la tetita sabe mejor, nunca está muy caliente ni se enfría. No es necesario refrigerarla, pero sirve para otra vez.

¡Que viva lo natural, que viva la tetita!

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