CR-PASOANCHO S. SEBASTIÁN. Enrique Ramírez Villalobos: relojero y floricultor. Carlos Enrique Ramírez-Muñoz

Nuestro querido pueblo ha sido un semillero de cultura, con una muy buena escuela, biblioteca pública, una Casa del Caminante, donde fui muy bien recibido, sin tener que mostrar títulos profesionales o una libreta bancaria.  Extraordinarios jóvenes tocando guitarra y enseñando a los demás, y sacándolos de la calle y sus peligros. Esos y muchos otros semilleros de cultura son los que hoy nos llenan de alegría.

Para el día del padre, las maestras le piden a sus alumnos una composición, y el 100% arrancan a decir dónde los lleva papa el fin de semana y otras cosas. Pues hoy les voy a hablar de mi padre, y no quiero pecar de infantil, porque soy un joven de 74 años. ENRIQUE RAMIREZ VILLALOBOS fue su nombre, nació y murió en la primera mitad del siglo XX. Quedó huérfano a muy temprana edad, pero gracias a las bases de cultura y buenas maneras aprendidas en casa de mis abuelos Antonia Villalobos y Jose Ramírez, desde muy pequeño se enfrentó al mundo con un trabajo tesonero.

Era relojero experto y no tengo idea de cómo aprendió, pero sus colegas le admiraban y respetaban, porque les llamaba la atención su juventud y su coraje y deseos de quedar bien al cliente, porque si no, “no me va a contratar para en otra”.

Otra fase de su vida que le hace merecedor de una mención de honor en el grupo Floricultores CR, fue su dedicación a la floricultura en un terreno de casi media manzana, que heredó de mi abuelo en Calle Tres, san Sebastián, Paso Ancho.  Cierro mis ojos y puedo imaginar aquellas hileras de plantas de muchas variedades de flores, como los rosales de variados colores, que eran la materia prima para sus famosos ramos de flores, que tenían clientes fijos, o simplemente los llegaban a comprar a casa, y que a manera de paréntesis, me dio mi primer trabajo, ya que yo a mis 9 años los iba a dejar a las casas de una variedad de clientes que papa tenia.  Cómo olvidar la técnica de mantenimiento de los bulbos de dalia o crisantemos, en un cuarto oscuro, pero con aire entre sí, para protegerlos de los animales y de la descomposición, para sembrarlos a principios de año y asegurar una cosecha para mediados de octubre, época en que el corredor de la casa se tornaba en una enorme mesa de trabajo, donde papá, mamá, mis hermanos María Eugenia y Lucho se daban a la tarea de alambrar y encañar las pequeñas estructuras que quedaban listas para el siguiente trabajo, que era la recolección de flores y la preparación de los arreglos florales variados, coronas, almohadones, y en forma artística, escribía el nombre del difunto en esas pequeños estructuras.

Como lo anterior no era suficiente, en otros rincones del jardín, sembraba hortalizas como lechugas, tomate, culantro y otros, para el consumo familiar, porque curiosamente no las vendía, sino que las regalaba, y cuando alguna vez pregunte por que lo hacia, muy sabiamente me enseño que hay otras peores situaciones que la nuestra.

Papa perdió su trabajo en 1948 por veneno político, y a tres años de finalizada la segunda guerra mundial y una revolución entre hermanos, que nos dejó mas divisiones que beneficios.

Papá Enrique, no fue a la universidad, pero fue muy sabio , no conoció la televisión, el teléfono automático y otras facilidades, pero le encantaba leer buenos libros. También Dios le dio tiempo en su corta vida para disfrutar del arte, tocaba muy bien la guitarra, así que formo parte del conjunto musical de los hermanos Valverde, donde Valentín, Vicente, Carmelo, Ventura, y hasta las hermanas Berta (sor María de Santa Florencia) y Julia, todos de grata memoria hicieron amenos muchos eventos de bodas, fiestas familiares.

Fue así como papá le echó el cuento a una tibaseña que luego adoptó San Sebastián como una hija más y se volvió una aguerrida madre de familia, apoyada por este servidor después de la muerte de papa Enrique en setiembre de 1960, que supo reaccionar al flagelo del desempleo y organizar a una familia que siempre lo apoyó.

Podría escribir mucho más de papá, pero no quiero pecar de inmodesto ni abusar de su tiempo, quiero despedirme de todos queridos vecinos de San Sebastián Paso Ancho, con un sencillo homenaje para mi padre y muchos otros queridos amigos que como él, supieron honrar a su distrito, al país y a sus familias con sus vidas ejemplares.

*Foto portada: Calle Tres, 1904

*(f) Floricultores CR / Caminante del Sur / Buen Vivir cr 

 

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