CR. José Merino, un apunte. Sergio Erick Ardón Ramírez

Me topé con un amigo que me preguntó. ¿Vos conociste a José Merino?,¿Qué pensás de él? Algo le dije, pero de José Merino algo más puedo decir, y puede ser útil contarlo.
Al local del Frente Estudiantil del Pueblo- FEP- entró un buen día un jóven con aire de interesado, casualmente yo estaba ahí coordinado un plan de actividades. El FEP era el brazo universitario del MRP, en aquellos años posteriores a las luchas de Alcoa, y venía logrando un importante desarrollo, llegando a tener varios cientos de simpatizantes. El joven con aire interesado, llamó la atención por su forma de vestir, nada común, pantalón de corduroy de color indefinido, de una sola bolsa trasera. Preguntado, se presentó: José Merino del Rio, español, creo que dijo tener 19 años, y recién llegado al país. Eran los años de los radicalismos que cubrían todo el continente. Merino participó como uno más, en las tareas de formación y agitación que se realizaban con gran intensidad entre los estudiantes de la UCR, destacándose por su inteligencia, su sentido de la responsabilidad y sus aportes y cuestionamientos. Tiempo después, en desacuerdo con la línea radical que el MRP impulsaba, y acompañado por un buen grupo de estudiantes, rompió con el FEP, y apareció como el dirigente principal del MARS- Movimiento de Acción Revolucionaria Socialista – que tendría corta vida, y que terminaría integrándose al Partido Vanguardia Popular.
Ahí le pierdo la huella, aunque con el paso del tiempo, y conforme se daban acercamientos entre los partidos de la izquierda, lo encontramos cumpliendo labores de responsabilidad en el PVP. En aquellos tiempos convulsos llenos de contradicciones y sectarismo, del que todos pecamos, en José encontramos siempre, una actitud respetuosa y dialogante, lejana de la de otros dirigentes comunistas, que apenas podían ocultar su hostilidad y desconfianza hacía nosotros.
Amistoso, jovial, cercano, accesible, así lo veíamos, en medio de aquel difícil parto que dió luz a Pueblo Unido. Dondequiera que él estaba en representación de su partido había diálogo y acuerdos, y en todo caso, desacuerdos entre amigos.
Después de los serios problemas que llevaron a la división del PVP, y al debilitamiento y desaparición de las organizaciones del conjunto de la izquierda, cuando el desconcierto fue mayor y los caminos parecían cerrados, lo vimos incansable y persuasivo, buscando nuevos espacios. Viene luego su acierto principal que es la fundación del Frente Amplio, que apoyándose y reuniendo a un importante sector de la militancia dispersa del PVP, se propone sumar nuevos actores con una propuesta unitaria de mayor amplitud, cosa no fácil. Había que superar prácticas y visiones de muchos años, e incluso traumas acumulados.
Toda su ejemplar labor legislativa la seguimos con interés y simpatía. Merino se convirtió en el vocero sólido, certero, de todos nosotros los que, aún sin militancia, guardábamos intactas nuestras convicciones.
Es en esas circunstancias que me tocó viajar con él a Cuba como parte de un grupo de costarricenses invitados a ver lo que en la isla sucedía. En Caimito del Guayabal, a unos 40 Km. de La Habana, en unas barracas elementales, tuvimos nuestro hospedaje durante los cerca de 12 días que duró la visita. Y en los ires y venires, y en las noches apacibles del campo cubano, mucho y de todo hablamos. El único desencuentro que tuvimos fue cuando queriendo ser chistoso , comenté a la hora del almuerzo, que un periodista cubano me había preguntado quién era ese “gaito” que decía ser diputado de Costa Rica. En Cuba llaman “gaitos” a los españoles, y el acento peninsular de José, que nunca ocultó, no tenia porque, lo delataba. No pareció hacerle gracia el chiste, y tuve que explicarme.
Más allá de ese, “choque”, encontré en él, criterios y posiciones, analisis y conclusiones, que yo plenamente compartía.
Con su muerte, perdimos los revolucionarios costarricenses a un gran compañero, tal vez el más lúcido de su generación, y sin duda el más exitoso de todos nosotros. Su legado está ahí dando frutos, en buenas manos, que cada vez son más numerosas, y si la perspectiva unitaria de Merino sabemos mantenerla y si a su constancia e inteligencia sabemos darle continuidad, los sueños de aquel jóven intenso e interesado que supo hacer de esta tierra su tierra, hace ya tantos años, se convertirán en feliz realidad.

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