CR-PASO ANCHO S. SEBASTIÁN. Leyendas tradicionales de aquí. Freddy Céspedes Soto

Alguna vez, escuchamos de nuestros abuelos las famosas leyendas: La segua, el cadejoz, la carreta sin bueyes, el mico malo, la bruja de Escazú, cuentos de luces misteriosas, botijas llenas de dinero, duendes, aparecidos, entre otros. En tiempos de cafetales, era muy común esas historias en las noches de verano, bajo el sonido de los cuyeos. Hay datos no verificados, por ejemplo donde esta asentado el Colegio Ténico de San Sebastián, decian que habia existido un cementerio indigena, y que a veces se veían extrañas luces y sonidos y por eso estos terrenos son muy arcillosos. Urgando que pasó en nuestro disitritos, encontramos tres sucesos: No se asusten:
El fantasma del Salón PIRRO: 
Este me lo conto nuestro amigo Roberto Barboza Melendez: Dice que una madrugada don Beto cerró el salón y cuando iba por el marco este de la plaza de deportes, en forma extraña, se prendieron las luces y la rocola empezó a sonar, como si hubira gente adentro.. Parece que don Beto quedó en duda, y se devolvió apago todo y cerró la puerta principal del salón, cuando transitaba por la plaza…..diay….otra vez se encendieron las luces y la rocola y don Beto ya del susto, como decían antes: salió corriendo ” pior que semilla de guaba”.
EL MICO MALO:
decán que le salía en la noche a los mal portados, era una extraña figura parecidoa un mono, el asunto es que venía Robertino Céspedes, por unos cafetales alli por Luna Park, cuando de un momento a otro le brincó en un hombro un aminal parecido a un mono y bien feo, chillando horrible, del tremendo susto…se le bajaron los tragos que se había tomado……y paticas para que te quiero, corra…:
EL PADRE SIN JUPA: ( SIN CABEZA)
Esta leyenda esta casi en todos los paises latinos, en Costa Rica hay su versión y sus apareciones. Esta me la contó mi prima Eli Cespedes. Un tío abuelo nuestro, Luis Céspedes, cuidaba un ganado en una finca en Paso Ancho, y se levantaba muy de madrugada, para llevar arrear las vacas a los comederos. Un día de tantos observó una silueta de un hombre alto, vestido con una sotana negra, que no caminaba sino que flotaba, en el aire, a la par de la cerca, y lo peor es que no tenía cabeza. Cuentan que se quedó petrificado y sus manos se congelaron del susto, y que desde alli, de vez en cuando las manos se le ponían frías.

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