CR-ALAJUELA. ¿Qué somos? Sergio Erick Ardón Ramírez

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El desayuno de un domingo en calma, siempre se presta para los recuerdos y las nostalgias. Los 157 años que sumamos, son vida, y la vida expone y enseña cosas. Muchas cosas, cuando se ha ido atento por ella.
Hoy nos dió por hacer un paseo por el vecindario, por las manzanas cercanas al Mercado Municipal, justamente donde nacimos y vivimos la niñez y la adolescencia.
Fuimos contrastando y afinando recuerdos. Para concluir que esa Alajuela, de verdad que era una especie de crisol. Veamos si no.
Diagonal a la casa de mis abuelos, estaba el Cine Victoria, donde se pasaban películas mudas, todavía no estábamos por aquí, despues ahí bajo la regencia del Coronel Humberto Soto, se escenificaban peleas de boxeo. posteriormente desaparecidas las latas plateadas del vetusto cine, hubo ahí una carpinteria, eso si lo conocí. Y la recuerdo muy bien porque uno de los carpinteros conocido por Jolillo, puso en mis manos de niño embelezado por Robin Hood, mi primer arma contundente, una espada de madera. Seguía, yendo hacía el Parque Santamaría, en un local casi en ruinas, la barbería de Melchor Araya, donde me pelaron rape. Al frente vivieron los Mora, Don Juan Mora era secretario de alcaldía en San Pedro de Poás, y viajaba todos los días. Gente pobre, mi amigo Mario, rubio de ojos azules, andaba descalso. Por la misma acera encontrábamos la casa y el desvencijado portón del fornido camionero Barrientos. Familia misteriosa, que se movía como si fueran gente que algo ocultaba. La larga tapia de las Araya, y el consultorio médico del Dr. Acevedo remataban esa calle. Mientras que al otro lado estaba la dentistería de Cirilo Meza, siempre de escrupuloso blanco, y la tapicería de Chapín. El Dr. Acevedo y Chapín guatemaltecos los dos. Si cogemos para el sur justo al frente de la estatua de Juan, nos encontramos la casa del rubicundo coronel Agüero, con sus muchas guapas hijas, donde despues vivieron los Jinesta. Y ya lindando con la plaza que nos servía para mejengear, la panadería de Núñez.
Si nos da por coger hacía el norte, hacía el Parque Central, tendríamos al lado derecho el Instituto, su salón de actos moderno y su viejo y bello edificio original.
Por el lado izquierdo de la calle la soda de los Mora Córdoba venidos desde Cartago. La zapatería y vivienda de Santiago Lazo, la más fina de Alajuela, artesanos nicaragüenses que nos calzaron por muchos años, y que lo siguen haciendo. A su lado el negocio de Manuel Alvarado, lleno de bicicletas. Con amplio jardin anterior, a continuación, la Pensión Villagra, tambien gente venida de Nicaragua. En un pequeño local de amplia y siempre abierta puerta estaba la peluquería de Zipo. No hubo forma de llegarle a su nombre de pila. Zipo es Zipo.
La manzana terminaba con la emblemática farmacia Chavarría, la de Don Victor, Justo fente a la cantina La Giralda la de Don Felix Gamboa.
Pero continuando el recorrido, parar dar vuelta a la manzana, la Farmacia Chavarría pegaba con la ferretería de Juan Castro que a su vez lindaba con la Farmacia Salazar, la de Tato. La tienda Llobet estaba a continuación. Pero no la de los Llobet Comadrán, sino la de los Llobet y Riba. Catalanes los dos y primos. En la esquina despues de su demolición, otra farmacia, la de otro catalán el Dr. Juan Tarragó.
Ahora ya vamos bajando hacía el sur. La casa de don Jole Ávila, próspero comerciante, la fábrica de hielo de los Urbina, que tambien tenían al frente panadería. Francisco Urbina llegó de Cuba y él y su hermano Cornelio se afincaron en Alajuela haciendo delicioso pan. La casa de una reliquia estaba a continuación, porque don Maurilio Soto era hermano de Bernardo Soto, presidente liberal. Ser liberal, para entonces, no es lo mismo que libertario o que liberal de despues. Ser liberal entonces significaba ser progresista, estar contra las ideas conservadoras y caducas. Así llegamos a donde estuvo el Cine Victoria. Pero terminar esta vuelta no sería posible sin decir que en la esquina de esa calle, 100 varas al sur del Mercado, tenía mi abuelo Cipriano su
“La Geisha” almacén de licores y abarrotes. Ah, y que entre ese negocio y la panaderia Urbina en un pequeño cuchitril vivían Manuel Ardón Gutiérrez hermano pobre de Cipriano y su esposa María Abarca.
Está bien por hoy.

Una posdata que cabe: Al hacer referencia a familias y lugares se les identifica con los nombres y apellidos de los hombres. Y es que así eran las cosas, claro machismo, las mujeres poco contaban, y sus nombres generalmente no eran los que identificaban.

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