CR. Pasó en Guanacaste. Verídico. Max Porras

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Mi amigo Luis contaba la vez que se le estalló una llanta a su camioncito; el que usaba para jalar sus caballos.
Estaba en medio de la nada, entre Bagaces y Cañas, y cuando se disponía a cambiar la llanta se dió cuenta que no andaba el gato hidráulico, en esos tiempos ni celular se usaba así que no podía llamar a nadie. 
Se había quedado cerca de unas parcelas donde sembraban arroz; ahí se anegaba mucho y era lugar ideal para unos sapos grandísimos que se críaban ahí.
De pronto se le ocurrió una idea un tanto loca pero no le quedaba nada que perder.
Brincó la cerca y agarró por una pata uno de tantos sapos que habían en esos barriales, lo maneo en cruz para que no se escapara.
Lo puso debajo de su camión y empezó a golpearlo -no muy fuerte- con un chilillo para enojarlo, de pronto vió como su plan se estaba realizando tal y como lo pensó; el sapo era tan grande y se infló tanto que hizo levantado el camión, y ni lerdo ni perezoso cambio la llanta velozmente.
Claro, cuando llegó a su pueblo, allá en Montano de Bagaces, y contó la historia nadie le creyó.

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