CR. ¿Rendición de cuentas? Sergio Erick Ardón Ramírez

el

No de cifras y logros materiales verdaderos o abstractos.

Ahora que los caldos aun estan calientes es tanto mejor para decir cosas, ya que hay interés.
Luis Guillermo Solís pasa a la historia, y ha afirmado que se retira de la política. Pareciera que el objetivo era ser presidente y ahora habiéndolo coronado, a las aulas y las consultorías, que prometen descanso y vida muelle.
Esa conducta a mi no me gusta. Me parece inconsecuente y egoísta. Un dirigente político habiendo ganado experiencia, y joven aún, no puede restarse. Allá él con su conciencia o sus objetivos personales.
Pero se puede decir algo más.
Su gestión tuvo altos y bajos, los altos cuando se atrevió y los bajos cuando se atemorizó y en esto último hubo una constante.
Llegó al Zapote con amplio respaldo, en medio de grandes espectativas de cambio. Ese caudal no lo supo aprovechar, y teniendo condiciones bastante más favorables de las que tiene Alvarado, prefirió recular, bajarle intensidad al partido y jugar a la defensiva. Su círculo íntimo, todos conspiradores, creyeron que la cosa pasaba por mover fichas e intereses bajo cuerda. Sabemos que esas prácticas no solo son riesgosas, son peligrosas y terminan siendo dañinas.
Ese círculo íntimo, de escrúpulos custionables, envolvió al Luis Guillermo presidente, lo maniató y al final pasó factura. Son los imponderables de la conspiración. Se construyen compromisos , se pierden apoyos sanos, se entra en una dinámica de ocultamientos y medias verdades, de manejos por debajo, de complicidades inconfesables.
No sabemos, no lo afirmamos, que Luis Guillermo fuera consciente de esta telaraña que sus hombres de confianza fueron tejiendo. Podría no ser responsable directo, pero responsable político si lo es.
Sus buenas intenciones, sus promesas, incluso sus mejores sueños, en su mayoría no fueron cumplidos, no importa que la gente que lo quiere lo aplauda y le agradezca por su “impoluta” gestión. Al enfriarse los caldos, y ojalá salir bien librado de asuntos pendientes, Luis Guillermo habrá aprendido que gobernar no es conspirar y que el miedo nunca fue buen consejero.
Pasar a la historia habiendo sido presidente es un mérito incuestionable, pero tambien obliga.
Los costarricenses que le apoyamos inicialmente, que esperábamos más, que nunca fuimos convocados a pelear junto a él para superar dificultades y sacar la tarea, quedaremos pendientes de su autocrítica.
Así todos aprenderíamos. Es cuestión de hacer buena la cacareada humildad y superar la dificilmente oculta vanidad.

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