RUSIA. ¿Puede un solo hombre cambiar el curso de una guerra mundial? Alvaro Rojas Valverde

Juzguen ustedes. Richard Sorge, era ruso, de padre alemán. En la Primera Guerra Mundial ganó una cruz de hierro en el ejército germano. En 1925 se afilió al PCUS y viaja a Alemania, donde, a finales de los años 20 es reclutado por los soviéticos, que le entregan la misión de vincularse al movimiento nazi, en auge por esas fechas. Sorge se afilia y una de las cosas que hizo fue entablar amistad con Eugene Ott, agregado militar de los nazis en Japón. Esto estaba en relación a su siguiente paso, instalarse en Japón como corresponsal del diario Frankfurter Zeitung.

Una vez en Japón Sorge dedica todas sus fuerzas a crear una red de espionaje, para lo que cuenta con el apoyo de algunos militantes del Partido Comunista Japonés, especialmente de Otzumi Ozaki.
Sorge se ganó la confianza de los japoneses, pasándole información de los alemanes y de los alemanes, especialmente de Ott, a los japoneses pues, aunque estos eran aliados, igual se espiaban. Por supuesto, su trabajo era informar a la URSS. La información más importante que le habían solicitado era averiguar, más allá de toda duda, la decisión del Alto mando japonés sobre sus anunciadas intenciones de atacar el extremo oriente soviético, lo cual obligaba a la URSS a tener varias divisiones del Ejército Rojo en esa región.

Se afirma, prácticamente en todos los escritos sobre él, que Sorge era un tipo muy bien parecido y que muchos de sus más valiosos secretos los obtenía bajo las sábanas de algunas de las esposas de oficiales japoneses.

Entre tanto, en la URSS la situación era sumamente peligrosa. Los nazis habían logrado avances considerables y, pese a la resistencia del pueblo y su ejército, estaban a pocos kilómetros de Moscú y se dice que incluso llegaron a vislumbrar, muy a lo lejos, las torres del Kremlin. El Gobierno soviético incluso había tomado las precauciones para trasladar el gobierno de Moscú a otra ciudad, lo que habría supuesto un duro golpe para la moral de las tropas y el pueblo. Sorge logró averiguar, y transmitir a Moscú, que el Alto Mando japonés había acordado no atacar a la Unión Soviética. Antes, ya les había indicado a sus superiores el día, hora y lugar por el que irrumpirían las tropas nazis a territorio soviético. Esta vez Stalin no le creyó; ahora sí. Esto permitió mover varias divisiones del extremo Oriente a la defensa de Moscú, tropas frescas y ansiosas de entrar en combate. Esto cambió el curso de la guerra y pronto los nazis se vieron arrollados en su ofensiva y llevados lejos, a una posición defensiva.

Sorge, que como miembro del partido nazi gozaba de total confianza, consiguió incluso fotografiar los informes que detallaban los movimientos de la Kriegsmarine, la armada alemana, y descifrarlos en sólo una noche.

Sobre la caída de su red de espionaje, que el enemigo denominaba como “Grupo Ramsay”, hay dos versiones y un antecedente. Sorge, considerando que la red ya tenía mucho tiempo de actuar y, por tanto, estaba expuesta en alguna medida, pidió a sus superiores soviéticos que le permitieran regresar a la URSS, pero estos se negaron. Y, concretamente en cuanto a la caída de la red, una versión afirma que un descuido de su radista, un camarada yugoeslavo, fue la causa, y otra que la Kempei-Tai (la Gestapo japonesa) le seguía los pasos y, conocedor de su afición por las bellas damas, le tendió una trampa.

Hasta el 18 de Octubre de 1944 logró Sorge eludir al enemigo. Cuando lo apresaron, en primera instancia, los alemanes no creyeron los informes japoneses. Richard Sorge fue ejecutado en la horca el 7 de noviembre de 1944. Aún hoy se suelen encontrar flores en su tumba en Tokio. Mitsusada Yosikawa, el fiscal que solicitó la pena de muerte para Sorge solía afirmar que “nunca conoció a alguien tan grande como él”.

La parte más increíble de esta historia es que durante años, ya concluida la guerra, en la URSS no se sabía nada de Sorge, tales eran los procedimientos de Stalin. Veinte años después, Richard Sorge fue declarado Héroe de la Unión Soviética. ¿Cómo ocurrió? Un grupo de funcionarios del PCUS veían, junto a Jruschov, una película sobre Sorge. Al concluir, Jruschov comentó con algunos que ese tipo de películas eran las que había que difundir entre el pueblo soviético, aunque en este caso el héroe no hubiera existido. Un canoso oficial, que conocía el caso de primera mano, pero que nunca había revelado nada por órdenes superiores, encontrándose esta vez a la par nada menos que del Secretario General, le dijo:

Así fue como, 20 años después de su muerte, Richard Sorge recibió el galardón más alto que concedía la Unión Soviética. ¿Muy raro esto último? En la URSS ocurrían estas cosas. Algún día les contaré la historia de Leopold Trepper, el insigne espía soviético que dirigió la Orquesta Roja, la más célebre red de espionaje soviético en Europa.
(Existe un libro, editado en Cuba que se llama “Aquí Sorge desde Tokio”, lo leí hace muchos años y, aunque lo he buscado con afán, nunca lo volví a ver. También una película soviética de la que apenas conozco que existe).

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