COSTA RICA-IDIOSINCRACIA. El Síndrome Chavela Vargas. Por Max Porras*

 

Hace unos días a alguien se le ocurrió poner a elegir en las redes sociales entre Chavela Vargas y Lencho Salazar; las respuestas como era de esperar estaban llenas de homofobia, xenofobia, ofensas y falsos patriotismos.

No pocas personas se refirieron a ella como: “que vieja pa’cantar feo”; y ahí es donde la yegua botó Genaro.

Es usual en muchas personas— y sobre todo aquellas que se enervan cuando las llaman ignorantes— opinar con una seguridad apabullante con solo ver una pequeña parte del todo.
Esta gente no se pregunta porque Chavela era— o es aún— venerada en Mexico, en España; por que gente como Almodóvar, Sabina, Bosé, y cientos de artistas le rendían pleitesía, y se codeaba con lo más representativo de la élite artística mexicana o por qué le hacen homenajes en muchos países.
¡No! ellos solamente han escuchado “La Llorona” en una mujer octogenaria con una voz ya vencida.
Me puse a pensar por qué no indagarán, investigarán —no tienen que leer mucho, que es lo que les aterra—ahí está Google y YouTube, y tratan de escuchar su voz en su mejor época, se darán cuenta que aparte de su gigantesca presencia escénica, su personalidad arrolladora, tenía una portentosa y exquisita voz.
Eso que ellos escucharon solo corresponde a la época donde ya a sus espectadores no les interesaba esa voz que había perdido sino iban a verla a ella, a la gran Chavela.
Y esa ligereza al opinar es un “síndrome” generalizado, se ve en política nacional e internacional, se ve en religión, se vió de sobra en las recientes elecciones y se ve en cualquier evento que salte a la palestra pública; se dejan guiar por títulos, por unos minutos de noticieros, por imágenes con unas cuántas frases.
Jamás se dan a la tarea de ir más allá de lo que escuchan “por ahí”.
Hace poco me preguntaba un amigo de mi opinión sobre la situación de Corea del Norte, le contesté que sería irresponsable dar alguna, puesto que no tenía referencias, contexto, lectura, y no tenía más que las que escuchaba en los noticieros, u otros medios sesgados, lo cuál no es suficiente.
Una vez escuché a un seguidor de Fidel decir que el siempre buscaba literatura que lo adversara para tener una visión más amplia—¡cuanto criterio!—.
Otro ejemplo: siempre he creído que para opinar de Venezuela, se debe haber analizado a ese país antes de Chávez, a la Venezuela de Carlos Andrés, a la Venezuela de las dictaduras, saber que es el caracazo, saber quienes son los “visibilizados”, saber diferenciar entre desabastecimiento y escasez, y saber quienes y porqué lo provocaron, y no basarse solo en la carencia de papel higiénico.
Después de ahí sí es interesante escuchar a los apoyan o en su defecto desaprueban el chavismo; pero el ignorante, él que opina sin informarse, sin pensar, sin razonar, basado en prejuicios o dogmas, siempre causa aquella misma sensación de unas uñas rasgando una pizarra.
Ese “síndrome” de opinar a la ligera analogado a escuchar a Chavela tres minutos, una canción en particular y decir que “canta feo” es lo que desanima un tanto de las redes sociales que pueden ser mucho para aprender, intercambiar, y porque no, enseñar tantas cosas interesantes, y además necesarias para hacer de este mundo algo mejor.

* mensajero CDS

 

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