CR. Nunca te dije cuanto te amaba. Ana Lorena Quesada*

Quiero alejar mi pensamiento de recuerdos que me hicieron feliz y hoy me ponen triste, he de aceptar que en la vida, hasta donde voy han habido episodios difíciles y grandes alegrías.
Hubo mucho amor en mi niñez, en mi adolescencia, durante toda mi existencia, también conocí la envidia, el egoísmo, un sentimiento extraño muy parecido al odio.
Hoy quiero recordar a gente maravillosa que pasó por mi vida y de quienes recibí tanto, que las convirtió en mi modelo, mi admiración.
Mis tíos Sila y Juan, fueron tan cariñosos conmigo, tan preocupados de mis cosas, su ejemplo, sus castigos, su manera de llamarme la atención, hacen que cada día los extrañe.
En la secundaria, mi profesora Mireyita, tiene un lugar seguro en mi corazón, que mujer más generosa, me regaló tanto tiempo de su descanso, me habló como una madre, de temas que me hicieron abrir los ojos , alertar los oídos y disminuir la ingenuidad propia de aquellos tiempos, en los que la información natural era un tópico tabú. Pero ella con su estilo, con aquella dulzura y con su sonrisa franca y hermosa, su mirada esmeralda, me dio consejos que me han servido en mi vida cotidiana y hasta en la crianza de mis hijos, ella también permanece intacta en mi enorme corazón.
Mis padres, los mejores que no cambiaría por nada, mi madre, entregada por completo a nosotros, nos esperaba con comidita caliente al llegar de estudiar,nos mandaba a la escuela y al colegio impecables. Mi padre un hombre fuerte, trabajador, honrado que nos dio muchos gustos y nos crió con rigor.
Hoy creo que mi padre es la persona que más admiro, hoy no está a mi lado, pero me enseñó a amar el aprender, con su testimonio, él se pagaba clases de matemática avanzada, fue un ingeniero autodidacta a quienes muchos graduados , llegaban a consultar, fue una autoridad en puentes, que todavía se utilizan y me hacen sentir orgullosa de mi viejo.
Pero lo mejor de él, fue su visión de vida a largo plazo, pues me decía siempre, tiene que estudiar, la mujer debe prepararse porque no sabe quien le tocará de marido, así no tendrá que depender de nadie.
Y tal vez, ustedes se digan, pero que de particular tiene eso, pues demasiado, en esa época los papás, pensaban que las mujeres debíamos aprender los oficios de la casa, mientras que papá no se interesaba en esas cosas, sino en que había que estudiar y quería que fuera maestra, pero a mi no me gustaban los niños entonces, yo quería trabajar en oficina, me gustaban los números, fui muy buena estudiante.
Papá, nunca te dije cuanto te amaba, hoy en tu remanso de paz, quiero expresarte estas palabras, te amo y fuiste mi persona favorita, la persona que más admiré.Espero volver a verte un día y espero que estés con tu nieto, al que amaste tanto.

*Ana Lorena Quesada, mensajera Caminante del Sur

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