GUATEMALA-CR. Las manos limpias de Jimmy. Por Oscar Madrigal

CORRUPCIÓN E IMPUNIDAD. El referente más cercano que tenemos de un gobierno presidido por un pastor evangélico es Guatemala. Jimmy Morales es pastor evangélico y accedió a la presidencia guatemalteca hace un poco más de dos años, después de graves escándalos de corrupción que implicaron al saliente presidente y vicepresidenta. En esas circunstancias se podría haber esperado un gobierno de manos limpias y de lucha contra la corrupción y la impunidad. Inició su gestión prometiendo “una nueva política” aunque ha terminado rehén de las mafias que han cooptado el poder en Guatemala. Sus principales asesores, según ha informado la prensa internacional (El País de España), forman parte de las estructuras mafiosas de Guatemala que manejan influencias, dinero, poder, para mantener la impunidad más absoluta a sus actuaciones. Su hermano mayor Sammy y su hijo José Manuel fueron acusados de participar en casos de corrupción, pero fueron salvados del enjuiciamiento por el Congreso. Igualmente han sido señalados ministros, asesores, el vicepresidente y hasta el propio Jimmy Morales de participar en acciones corruptas. Ante esto, ¿cuál ha sido la actitud del presidente? Procurar blindarse mediante la aprobación en un Congreso dominado por su partido y aliados, aprobando legislación que impida el enjuiciamiento de los altos mandos de los partidos políticos y del gobierno. Cuando la Fiscalía y el comisionado Iván Velásquez de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) pidió despojarlo de su inmunidad, su respuesta fue declarar non grato al Comisionado Velásquez y solicitar su expulsión del país, que solo se ha podido mantener en el país por la presión internacional. Por cierto son reveladores que los argumentos para oponerse al representante de ese organismo de la ONU fue la “defensa de la soberanía” y tachar de “comunistas” a quienes apoyaban la gestión de Cicig y la Fiscalía. The New York Times, The Washington Post y The Economista calificaron a Guatemala como un país que lejos de combatir la corrupción, la consiente. Las manos limpias de Jimmy resultaron más sucias que las de muchos otros mandatarios de América Latina. Hoy Morales solo goza del 10% de aceptación de la población. El referente guatemalteco debe servirnos también de espejo político. Los partidos evangélicos pueden ser también cómplices de la corrupción y la impunidad más absoluta como muchos otros.

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