CR. Por fin, matrimonio igualitario. Por Marcos Chinchilla Montes

En el 2015 Jazmín Elizondo Arias y Laura Flórez-Estrada protagonizaron un acto inimagible en Costa Rica: no solo se casaron, sino que también lograron inscribir su matrimonio ante el Registro Civil. Conservo una foto de esa boda pues además de ser histórica, Jazmín era estudiante de la Unidad Académica en la que trabajo en la Universidad de Costa Rica, y siempre me he sentido orgulloso cuando las y los estudiantes se vinculan con la defensa de los derechos.

No tardó mucho el Registro Civil en anular el matrimonio, aunque dichosamente no pudieron matar el amor entre ellas y el proyecto de vida al cual se habían comprometido.

Entre tanta promesa que solo es comprensible al calor de la contienda electoral, los índices de violencia delincuencial que amenazan la cada vez más frágil institucionalidad costarricense, y el ingrato recuerdo del “cementazo” que tiene pringados a la mayor parte de los partidos políticos, nos llega una buena noticia: finalmente se avanzará en el reconocimiento del matrimonio igualitario en Costa Rica. La Corte Interamericana de Derechos Humanos fue del criterio que:

*”El Estado debe reconocer y garantizar todos los derechos que se deriven de un vínculo familiar entre personas del mismo sexo de conformidad con lo establecido en los artículos 11.2 y 17.1 de la Convención Americana de Derechos Humanos y en los términos establecidos en los párrafos a 200 a 218″.*

El reconocimiento de este derecho era largamente acariciado entre diferentes sectores progresistas costarricenses, y supone un importante triunfo para aquellos movimientos y personas que durante varias décadas se habían venido movilizando en torno a esa conquista.
Por otra parte, sería mezquino no reconocerle al gobierno de Luis Guillermo Solís el haber elevado la consulta a la mencionada corte, lo que igualmente nos hace suponer que en lo que queda de este gobierno, podríamos ver la cristalización de normativa que permita de una vez por todas no solo la inscripción de matrimonios entre personas del mismo sexo, sino la aprobación de otra normativa que proteja sus derechos a nivel público y privado.

No podemos ser ilusos pero queda un largo camino en esta materia, amparados en principios religiosos que poco reflejan a un Dios lleno de amor, muchas personas siguen negando los derechos de las personas LGTBIQ, y se amparan en una visión de la heteronormatividad que tiende a rechazar, negar y discriminar lo que no comprenden o no se parece a ellos.

Por lo pronto, en pocas semanas o meses, algunos nos veremos como testigos en bodas homosexuales o buscando regalos para apoyar el proyecto de vida de la nueva pareja. Muchas otras cosas ya las veníamos compartiendo en nuestras experiencias de vida.

Y un tema final, la resolución de la corte también reconoce el derecho a cambiar de nombre en función de la “la identidad de género autopercibida”, una ganancia mayúscula en la que incluso ya la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional se habían adelantado.

*Marcos Chinchilla Montes, mensajero CdS

 


 

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