CR. Sí se puede. Por Juan Félix Montero Aguilar

Cuando mi hermano y yo viajábamos de Turrialba a San José en el bus consumíamos al menos tres cigarros cada uno en ese viaje que duraba dos horas, no importaba si fuera con gente de pie o con las ventanas cerradas por la lluvia.
Todos los fumadores fumábamos y muy pocos protestaban.
Pasábamos unos días donde mi hermana(era el viaje de vacaciones) y aprovechábamos para alquilar revistas y comprarlas usadas en una pulpería en el Barrio el Arroyo a 0,75 lo que significaba una economía de una peseta con respecto a su precio de un colón nuevas y también para ver televisión.También íbamos a los cines Alajuela, Chic y Milán y en el transcurso de una película dábamos cuenta de varios cigarros.En la universidad tanto profesores como alumnos fumaban en las aulas y en las escuelas primarias lo hacían los maestros mientras impartían su clases.
Años despúes, cuando trabajé unos meses en el banco Nacional de Alajuela, un día Alvarez, el guarda, quien tenía la responsabilidad de dejar barrido el salón donde se atendía al público en las cajas y plataforma de servicio me dijo:

-Montero, sabe cuantas chingas de cigarro recogí hoy?
-Setenta y cinco.

Había tenido la paciencia de contarlas.

A veces pensamos que estamos derrotados, que es imposible cambiar hábitos dañinos para quienes los practican y para quienes no los practican pero los sufren, pero en este caso se demostró que si es posible con perseverancia y medidas apropiadas.El fumador se ha convertido en un antisocial que debe andar escondiendo su vicio.
Hoy día nadie se atreve a encender un cigarro en un cine, en un bus y en muchos otros sitios y no solo por temor a la censura sino por aceptación de la regla.
Claro, ni me lo digan, han proliferado los olores a yerba verde quemada. Pero sigo creyendo que si se puede.

jf

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  1. En relación con los fumadores, viene a mi mente las palabras de mi padrastro Guillermo Borbon quien afectado por grave enfermedad en los pulmones por tanto consumir cigarrillos a través de su vida y desde su niñez, sus pulmones se fueron llenando de hollín y sus venas se fueron cerrando, de manera que ya casi no podía respirar y sentado en el borde de la cama, respirando entrecortado me dijo: “Si pudiera volver el tiempo atrás, no consumiría tabaco ni cigarrillos y si pudiera decir a otros que no fumen , se consume la vida y se hace daño a la familia y si mi muerte sirviera de ejemplo a otros para que dejen de hacerlo, me sentiré satisfecho”. Poquitos días, murió. El humo del cigarro cerró las puertas de su vida. Relato real y biográfico. Colabora Gladys Trigueros.

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